Feminismos

De manera insólita, mi feminismo llegó por la punta más disidente. Digamos que comencé por el final.

17 de junio 2020 , 09:25 p. m.

Soy principiante en teoría feminista. Solo puedo opinar desde lo poco que he aprendido y desde lo que he vivido, como mujer, atrapada en mis propias misoginias.

En mi juventud di pasos atrevidos que hubieran podido dar cuenta de un feminismo precoz. Sin embargo, ahora veo que se trataba de manifestaciones aisladas de rebeldía, que perdían consistencia al no ser capaz de identificarlas como la reacción a un tipo de opresión sistemática, ejercida sobre todas las mujeres. Mi feminismo, intuitivo y errático, cedía lugar a una continua sensación de desadaptación y anormalidad.

Aunque el feminismo como movimiento organizado lleva más de dos siglos abriendo caminos, es curioso que su llamado haya resonado en mí hasta hace muy poco. Afirmar ‘soy feminista’ requiere cuero duro para soportar el profundo rechazo que esta palabra suscita. Para muchos, las feministas son una comparsa de mujeres iracundas y resentidas que detestan a los hombres y quieren confiscar el mundo, para vengarse.

De manera insólita, mi feminismo llegó por la punta más disidente. Digamos que comencé por el final, oyendo y leyendo a Paul Beatriz Preciado, brillantísimo filósofo transgénero. Contrariamente a las feministas que objetan la entrada de este pensador a sus filas, a mí él/ella me enseñó que el feminismo tiene correa para ir más allá de sus aparentes límites. Preciado atestigua en su propio cuerpo, intervenido con hormonas masculinas, que la masculinidad y la feminidad son construcciones políticas maleables que pueden volverse a crear y a situar. Me llevó a intuir que el feminismo debe repensarse continuamente y que desarticular el binarismo, implantado por los patriarcas del pensamiento y del poder, es también una vía de liberación femenina o, mejor, de lo femenino.

Aunque esta y otras manifestaciones del feminismo difieran fogosamente entre sí, no existe ninguna que promueva la guerra para adelantar su causa, y esa sola premisa une a todas sus militantes en este planeta: radicales, marxistas, liberales, trans, raciales y las que falten.

Para un movimiento político y social cuyos principales principios son la igualdad de derechos y la NO VIOLENCIA, que haya múltiples corrientes debería ser una buena noticia. En cambio, sí es grave que persista una sola forma de enunciar la masculinidad y que sea, precisamente, la más violenta la que siga dominando el mundo.

Margarita Rosa de Francisco

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