El juego de los insultos

El juego de los insultos

En cuanto al arte del insulto, no veo muchos refinamientos en mi TL.

17 de julio 2019 , 07:00 p.m.

Reconozco que, a veces, me gusta decir cosas solo para alborotar la opinión de la gente. También admito que me llaman mucho más la atención los insultos que las adulaciones porque excitan mi creatividad para responder. Hay insultos que son, francamente, deliciosos; verdaderos manjares que algunos iracundos, específicamente en Twitter, me sirven en bandeja de forma tan tentadora que, por lo general, no resisto las ganas de contestar. Algunas personas, con muy buena intención, me aconsejan no reaccionar ante comentarios de gente ignorante e irrespetuosa, pues eso significa “bajarme a su nivel”. Pero, al tratarse de un juego que yo misma propongo, me parece que ellos, los que se sienten provocados, son quienes pierden tiempo y energía bajando su nivel al mío.

Tuitear una frase escandalosa para luego recibir toda clase de injurias de “personas con principios” se está convirtiendo en uno de mis pasatiempos favoritos. Muy al contrario de victimizarme por el evidente maltrato que recibo, asumo mi total responsabilidad sobre esa dinámica que instalo con toda conciencia de forma morbosa y perversa. Entiendo que por estar jugando a ser insultada corro el riesgo de molestarme, sobre todo conmigo misma, por haber llevado el juego, tal vez, demasiado lejos.

Tuitear una frase escandalosa para luego recibir toda clase de injurias de “personas con principios” se está convirtiendo en uno de mis pasatiempos favoritos

La verdad es que me divierto más de lo que me ofendo, y por eso lo sigo jugando. “El juego de los insultos”, como yo lo llamo, tiene mucho de vicioso pero también de fascinante porque hace posible ver cuán débiles son las bases de “los principios” de algunos, que los ven amenazados por una frase mía de pocos caracteres. En vista de que para los ofendidos soy estúpida y drogadicta, yo, en su lugar, sí que no me desgastaría atendiendo la opinión de una persona a la que considero mentalmente inferior o perturbada.

En cuanto al arte del insulto, no veo muchos refinamientos en mi TL, empezando por el vocabulario, que me molesta más por lo escaso que por lo soez. Me encanta la historia detrás de las palabras soeces, y por eso nunca las utilizo para insultar a nadie. No es precisamente por ser decente que no acudo a ellas, sino porque, para mí, esas palabras también tienen dignidad y no me alcanzan para agredir tanto como quisiera. Insultar con inteligencia no es fácil, por eso tampoco me arriesgo a hacerlo. No pierdo la esperanza de que algún indignado finalmente lo logre.

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