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Lo que no se puede decir

Lo que no se puede decir

Lo indecible es eso que es inmensamente triste, es lo que pertenece al ámbito de lo trasmundano.

04 de noviembre 2020 , 08:29 p. m.

De lo inefable nada se puede decir, afirmaba un señor Wittgenstein. Presumo que lo que no es posible transcribir en palabras, como Dios, lo sublime, la experiencia mística o estética, o los duelos, se sirve de ellas como paños curativos –en el caso de los dolores insondables– o como puentes sobre los que poder transitar la ausencia de verdaderos significantes para nombrar lo que sentimos, o como símbolos de lo innombrable. Las letras no alcanzan a tocar lo profundo del bien o de la belleza; ni siquiera de la maldad o la crueldad. Ya vemos cómo se acaban cuando tratamos de describir el nivel de dicha y sufrimiento humanos.

Entonces, lo que no se puede decir pertenece al ámbito de lo trasmundano o al de las emociones indescriptibles. Una visión beatífica o una epifanía no se pueden decir; tampoco lo que ocurre dentro del corazón de alguien que presencia el asesinato de un ser querido. Lo que sí se puede decir, aun con el lenguaje precario del que disponemos, son los hechos, los fenómenos, lo que aparece ante nosotros pasando o siendo, sencillamente. Cuando, por algún motivo, decimos de un hecho que “no se puede decir”, es porque no hay la voluntad de decirlo. De poder, se puede. Lo que hay que diferenciar es qué se quiere decir de lo que siempre se puede decir.

Por ejemplo, los actos de corrupción institucional, política, empresarial y un caso tan comprobado como el del más reciente capítulo de narcodiplomacia son algo que, efectivamente, se puede decir. Es más, historias como esa han sido dichas y se siguen diciendo, a grito herido, por algunos valientes, con todos los recursos del idioma corriente. Si hay algo sobredicho en este país es cómo se lo roban y lo despedazan entre políticos, contratistas y narcotraficantes. Lo que se puede decir ya no es ni siquiera necesario.

Volvamos al principio. El hueco hondo que dejan en el alma de las regiones los crímenes contra quienes defienden sus ecosistemas; la infinitud del terror diario ante las amenazas de muerte a los que lideran causas comunitarias; la soledad inconmensurable de pueblos hambrientos y sedientos por abandono histórico y sistemático del Estado; la magnitud del desconsuelo ante tanta masacre; todo aquel amor por la vida que no cesa y que insiste y que se estrella contra muros de silencio; eso tan inmensamente triste es lo indecible. Eso es lo que no se puede decir.

Margarita Rosa de Francisco

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