Mi masculinidad

El género es una cárcel que produce discriminación. Parece que vamos a su disolución y lo celebro.

18 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

Si partimos de que el género es una construcción social, no es posible pensar la masculinidad o la feminidad sin acudir a lo que nos ha enseñado la cultura.

Siempre hemos creído que hay una manera propia y universal de ser hombre o de ser mujer; que hay una esencia natural que nos hace actuar como ‘él’ o como ‘ella’, es decir, hay quienes creen que la masculinidad y la feminidad se pueden definir fuera de la cultura. Yo me inclino a pensar que hay tantas formas de ser hombre como de ser mujer y también infinitas formas de transgenerismo. Es posible que, en vez de afirmar que hay infinitos géneros, haya que aceptar que el género, como rasgo natural, no existe en absoluto (los más osados se atreven a cuestionar la condición natural del sexo).

Hace unos días escribí un trino que decía: “Quiero reivindicar mi masculinidad”. Lo dije con ganas de provocar por aquello de ‘la reivindicación de la feminidad’ como presupuesto de las mujeres. Y me pregunto: ¿eso qué es? Vamos a ver. Volvamos al trino: si quiero reivindicar lo masculino que hay en mí, ¿de qué masculino estoy hablando? Respondiendo, empiezo a caer en lugares comunes muy azarosos y arbitrarios. Por ejemplo, podría decir que mi masculinidad tiene que ver con mi sentido práctico, mi simpleza, mi disposición a lo lúdico, mi poco sentimentalismo, o con tener músculos marcados. Sin embargo, es obvio que ninguno de esos rasgos define taxativamente la masculinidad. Además, esa categorización puede sufrir muchos cambios de una cultura a otra. También he aprendido que la orientación sexual es un asunto completamente independiente del género. De manera que lo único que puedo reivindicar es una idea de masculinidad apostillada por mí como individua moldeada por binarismo oficial de la cultura que me crió.

También podría significar crear, para mi imaginario, un nuevo tipo de masculinidad (¿más sutil?), pero se trataría de otra invención. Con la feminidad ocurriría lo mismo. ¿Qué es ser femenina? ¿Ser dulce, intuitiva, maternal o emocional? No necesariamente. Las políticas comerciales son cruciales en la construcción de lo femenino. ¿Dónde está, entonces?

Pensar el género es cada vez más problemático. Los tiempos parecen indicar que vamos camino a su disolución, y lo celebro. El género es una cárcel que ha generado tanta discriminación que saber que podemos liberarnos de ella es una buena noticia.

Margarita Rosa de Francisco

Más de Margarita Rosa de Francisco

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.