Bogotá y Cajicá

Bogotá y Cajicá

Ojalá estos dos centros urbanos queden en manos de Claudia López y Tita Cavelier, respectivamente.

27 de octubre 2019 , 12:53 a.m.

Bogotá, con 7’181.000 habitantes, y Cajicá, con 81.000, tienen como denominador común un lamentable atraso ambiental, cuando hoy, las ciudades más avanzadas del mundo, grandes y pequeñas, tienen claro que el futuro de la calidad de vida de la población radica en gran medida en el buen manejo del medioambiente.

Por fortuna, Claudia López y Tita Cavelier, pertenecientes a vertientes políticas diferentes, aspiran a ser elegidas como alcaldesas de Bogotá y Cajicá, respectivamente: en sus programas se concretan lúcidas visiones sobre lo que debe ser el futuro ambiental de estos dos centros urbanos, en el marco de la sabana de Bogotá y, por consiguiente, de las políticas que hay que detonar en los próximos cuatro años para colocarlos en la senda de la sostenibilidad.

Los destinos de Bogotá y Cajicá se cruzan. Mientras que en la primera la población solo creció 4,99 por ciento entre los dos censos, en Cajicá creció 78,67 por ciento (en Cundinamarca, el campeón fue Mosquera con 103,86 por ciento). Que estos municipios de la sabana de Bogotá crezcan a una tasa mucho más alta que la de la capital se debe, entre otras razones, a la forma como se ha ordenado el territorio en aquellos, a partir de cuestionables ‘volteos de tierra’ (de rural a urbana) amparados en la manipulación de los POT, uno de cuyos resultados es el desmedido enriquecimiento de sus protagonistas.

De allí el creciente caos de la Sabana con la aprobación de urbanizaciones por los municipios, sin que estos cuenten con los recursos para proveer las infraestructuras requeridas (acueducto, saneamiento básico, educación), como ocurrió en Cajicá, lo que, además, conlleva un despilfarro de energía en virtud de los largos desplazamientos que deben hacer muchos de los habitantes a sus sitios de trabajo. Y, tan grave como ello, con frecuencia se urbanizan suelos cuyo destino debería ser el agrícola o la protección ambiental, tema este último en el cual Bogotá tiene una negativa tendencia propiciada por la actual alcaldía.

No es entonces extraño que el ordenamiento territorial esté en la agenda de las dos candidatas. Tita Cavelier se propone no solo remendar los platos rotos del ordenamiento de Cajicá, sino que, además, trabajará en la articulación de la estructura ecológica principal mediante la incorporación e implementación del Plan de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas del río Bogotá, dentro del plan de ordenamiento del municipio, y la adquisición de predios de interés ambiental que le presten servicios ambientales y recreacionales.

Claudia López ha reiterado que se dotará a Bogotá de un modelo de ordenamiento que proteja el agua y su estructura ecológica principal, defendiendo de manera decidida cuatro reservas ecológicas estratégicas en “las que reposa la mayor esperanza de convertirnos en una ciudad sostenible”: la del oriente, compuesta por los cerros orientales; la del norte, que incluye la zona agrológica del norte, y la reserva Thomas van der Hammen, la del sur, de la que hacen parte, entre otras, el parque Entre Nubes y la zona rural de Usme y Ciudad Bolívar; y la del occidente, constituida por la ronda y cuenca del río Bogotá.

La transformación del manejo de los desechos es una agenda común de las dos candidatas ante los grandes atrasos en materia de su adecuada disposición y del reciclaje. Hay otras prioridades como la adaptación y mitigación del cambio climático, pero entre todas, la descontaminación del aire en Bogotá la plantea Claudia López como la más imperativa, puesto que son éticamente inaceptable los miles de muertes prematuras producto del desmontaje del Plan Decenal de Descontaminación del Aire.

Claudia López y Tita Cavelier son dos mujeres obsesivas con el cumplimiento del deber. Esperemos que el manejo de estos dos centros urbanos quede en sus manos. Ya es hora de que el cuidado de la casa común pase a manos de mujeres íntegras y competentes, pues en esta materia los hombres presentamos hoy un cuestionable balance.

MANUEL RODRÍGUEZ BECERRA

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