Volver a lo pequeño

Volver a lo pequeño

El crecimiento ilimitado, contaminante, agresivo, sí es el principal factor de la infelicidad.

03 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

DRASTRUP. Jutlandia es la más grande extensión de Dinamarca, una superficie de 29.700 km² habitada apenas por algo más de dos millones de personas.

Aquí, entre fiordos que dividen las extensas llanuras, casi todas cultivadas de cereales y pastos bajos, he recordado el libro de E. F Schumacher, publicado en 1973: 'Lo pequeño es hermoso'. Veo pequeñas ciudades: 500 personas, mil, cinco mil. Con todo lo que se necesita para vivir bien. Schumacher recomendó crecer hasta un límite del espacio físico para poder disfrutar mejor del territorio y obtener adecuadamente los recursos que necesitamos: la felicidad que da el paisaje, el silencio, la seguridad, la vecindad, la cercanía de los pájaros y el viento, la productividad de pequeña escala, la creatividad empresarial.

En Dinamarca (43.000 kilómetros cuadrados) viven 128 personas por km², mientras que en Hong Kong, 6.300. Datos relativos, lo sé.

Si comparamos con Colombia (42 habitantes por km²), hay que tener en cuenta que más de la mitad de nuestro territorio se encuentra despoblado y que ciudades como Medellín crecen a densidades insostenibles: hoy es la tercera más densamente poblada del mundo: 19.700 habitantes por km². La densidad poblacional no es el factor decisivo de la felicidad, pero el crecimiento ilimitado, desordenado, contaminante, agresivo, me temo que sí es el principal factor de la infelicidad. Selvas de vidrio, plástico y cemento, donde el hombre es lobo para el hombre, como escribió Hobbes.

¿Mucho soñar sería, me pregunto, proyectar nuevas ciudades en los antiguos territorios de la guerra, atendiendo la enseñanza de Schumacher?

Schumacher sentenció que en las experiencias muy humanas de la compasión, la dignidad y el espíritu creativo existe un camino hacia el desarrollo sostenible. Quizá el único, como comprobamos hoy, casi cincuenta años después de la publicación de su texto.

¿Mucho soñar sería, me pregunto, proyectar nuevas ciudades en los antiguos territorios de la guerra, atendiendo la enseñanza de Schumacher? Estructurar allí modelos de pequeñas ciudades bajas en carbono, dependiendo de energías renovables y con esquemas económicos circulares que garanticen una sostenibilidad de largo plazo, modelo, a su vez, para ese otro país, el del crecimiento ilimitado. Entre tanto, en Jutlandia (y buena parte de Europa) se mantiene la ola de calor. Para que no olvidemos que el cambio climático se combate no con el estímulo del crecimiento: las grandes ciudades, sino con el de las pequeñas.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY

Columnistas

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