Veinte veinte

Alcaldes, por fuera de los edificios del poder, asumieron ante los ciudadanos y en la naturaleza.

03 de enero 2020 , 02:16 a. m.

Quieto por el calor (diría que ‘suspendido’) en el borde de ese hermoso cuerpo de agua que es la ciénaga de la Virgen de Cartagena, pude pensar en veinte veinte como una doble señal de la esperanza. A pocos metros de allí tomaba posesión el nuevo alcalde, y en un parque de Bogotá, la alcaldesa Claudia López. Ambos por fuera de los edificios del poder, asumieron ante los ciudadanos y en la naturaleza.

Otros alcaldes también lo hicieron. Pensé que, quizá, de esta manera, empezábamos a construir la narrativa de la década: mensaje de cohesión entre los seres humanos y el ambiente. Una cohesión doble y fuerte: más ciudadanía y más ambiente. Imaginario necesario en un momento de emergencia global. Eso que Rifkin llama “marcos de referencia mitológicos”. Más allá de ‘soluciones’ para la crisis, lo que necesitamos construir es una nueva ‘idea del progreso’ que reemplace la que hoy naufraga en un mar de incertidumbres: la idea de la “historia liberal” como la llama Harari. O, el capitalismo desregulado, la mano invisible de los mercados que prometió arreglarlo todo y acabó desarreglando casi todo.

Esa narrativa prometeica, que sucedió a la de la ciencia del siglo XIX, y que reemplazó las de la religión y la superstición de los siglos precedentes, probablemente dará paso (y la década 2020 es decisiva para ello) a un nuevo relato de la historia de la humanidad que favorezca la vida por sobre todo otro valor y será (debe ser) el relato rector del siglo XXI.

¿Su misión? Guiar los cambios necesarios para acelerar las transiciones hacia una economía sin carbono antes de 2050. Los países firmantes del Acuerdo de París deberán aumentar sus metas y definir su estrategia de descarbonización antes de diciembre de este año. En 2022 se publicará el ‘Quinto informe’ de los científicos de las Naciones Unidas sobre el clima. La catástrofe anunciada todavía puede evitarse, pero se necesitan, según el Consejo Mundial del Clima, 16 billones de dólares entre 2020 y 2030. Por eso conviene a Dau y López (y a todos los alcaldes) construir mensajes fuertes que ayuden a que la ciudadanía se sintonice mejor con programas orientados a construir territorios más resilientes y prósperos.

Y al alcalde Dau le hago una sugerencia desde los 40 grados de la ciénaga de la Virgen: declare la emergencia climática en Cartagena.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY@GuzmanHennessey

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