Son dos opciones

Son dos opciones

Hay que transitar hacia una economía sin carbono. Esa transición es el paso hacia una nueva cultura.

25 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Más allá del auge de las industrias culturales, lo que hay que revisar es la cultura. Más allá de la economía naranja, lo que necesita cambiar es la economía. El momento que vive el mundo, amenazado realmente por una nueva era geológica, el antropoceno, nos obliga a transitar hacia una economía sin carbono. Y esta transición, no abrupta pero urgente, es el paso hacia una nueva cultura.

La tendencia se nota en empresarios líderes, inversionistas, ciudades y regiones que han emprendido la más ambiciosa transformación para superar, incluso, las metas de reducción de emisiones de los 196 países agrupados en la ONU que firmaron el Acuerdo de París. La agenda que se discutió en Bonn, hace unas semanas, facilitada por el nuevo Diálogo de Talanoa (que recién se ha instalado en Colombia), congregó unas 250 personas en un diálogo histórico, pues es la primera vez que los países y los interesados que no son partes se sientan a una misma mesa para avanzar.

Si una propuesta de gobierno se sintoniza con esta tendencia, debería ser considerada y examinada por la academia. Pero un programa de tal magnitud debe congregar a toda la sociedad y a todos los partidos, más allá del ejercicio de un gobierno. Sin una transformación profunda de la educación y sin resolver las inequidades, esto no es posible.

Si el país no empieza a prepararse antes del 2020, para enfrentar los efectos de la crisis, es muy probable que, por razones eminentemente económicas, no pueda hacerlo después de 2040.

Si el país no empieza a prepararse antes del 2020, para enfrentar los efectos de la crisis, es muy probable que, por razones eminentemente económicas, no pueda hacerlo después de 2040. Esto es lo que indican las proyecciones sobre nuestra vulnerabilidad (Ideam, 2017). Ya estamos comprometiendo el 0,5 % del PIB anual para atender los efectos causados por el cambio climático. En 2011 nos costó 11,2 billones de pesos.

Ahora bien, esta ambiciosa transición de la cultura requiere de una paz sólida y duradera. El programa de Gustavo Petro recoge bien la tendencia de descarbonizar la economía, pero la propuesta ambiental y educativa de Sergio Fajardo es ambiciosa: innovación, ciencia y tecnología. Y Humberto de la Calle sabe bien que el verdadero nombre de la paz es la sostenibilidad.

Pedir una convergencia entre ellos es, sin duda, lo más sensato, pues las propuestas de Vargas y Duque evidentemente profundizan el viejo modelo, ya suficientemente explicado y consabido: el viejo país. De manera que son dos las opciones que tenemos el domingo.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY

Columnistas

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