Luis Enrique Nieto Arango

Luis Enrique Nieto Arango

Nadie hablaba con más propiedad, erudición y alegría sobre el archivo de libros antiguos que él.

22 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

Lo conocí saliendo de aquel rincón de la Universidad del Rosario adonde él se sentía como pez en el agua: el archivo histórico. Allí se guardan manuscritos, actas de grado y asertos, cédulas reales, escrituras, testamentos y decretos rectorales que dan cuenta de la laboriosa construcción de una academia libre. Comprometida cual la que más con lo mejor que tenemos en este país de infortunios.

Aquel día le pedí que se devolviera un momento para mostrarle una fotografía de Pomponio De Guzmán, mi bisabuelo de Guaduas, que había sido consiliario del Colegio Mayor del Rosario en los comienzos del siglo XX. Miró bien el viejo mosaico y abrió sus vivaces ojos. Empezó entonces una larga disquisición de nombres, lugares y hechos que él sabía encadenar con un lenguaje preciso, siempre apuntalado por destellos intermitentes de sus ojos vivaces. Aquella disquisición se tornaría pronto en diálogo, porque a él le gustaba tanto hablar como escuchar. Y duraría (calculo yo, años) hasta que la pandemia nos privó del cafecito de los jueves, un poco antes de las once, cuando yo iba para mi clase de crisis climática.

Un día me regaló la colección de libros que con el nombre de Humboldtiana rinde homenaje a Alexander von Humboldt. Aquí la tengo, y es uno de mis tesoros. Quise dos o tres veces (por física falta de tiempo, no de ganas) abandonar una columna que tengo en la revista Nova et Vetera, pero él me lo impidió (siempre) con el mismo argumento inapelable: ‘Cómo te vas a ir de la revista universitaria más antigua de Colombia (fundada en 1905) y la segunda de Latinoamérica’.

Nadie sabía más de la historia de ‘El Rosario’ que él. Nadie hablaba con más propiedad, erudición y alegría sobre el archivo de libros antiguos. Hay más de nueve mil volúmenes, entre libros de los siglos XV al XX, hay diez incunables (publicados antes de 1.500) y joyitas históricas que solo él sabía ubicar, papeles de Manuel del Socorro Rodríguez, cuentas del terremoto de 1917, fotografías del movimiento de una piedra de La Bordadita, cosas así. A cada una le tenía anécdota. Lector de Russell y de Borges, su cultura era exquisita. Luis Enrique Nieto acabó siendo experto en epigrafía, el arte de escribir en piedra.

Qué hermoso ser humano el que hemos perdido quienes tuvimos la fortuna de conocerlo. Que haya paz en su tumba.

Manuel Guzmán Hennessey@GuzmanHennessey

Más de Manuel Guzmán Hennessey

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.