Lección del coronavirus, 2

Lección del coronavirus, 2

Tarde hemos aprendido que teníamos que haber vivido de una manera más humana y menos artificiosa.

26 de marzo 2020 , 07:13 p.m.

Somos parte de un todo: un organismo vivo que ha venido evolucionando desde las primeras sociedades humanas. Un tejido de múltiples individuos autónomos, pero interconectados e interactuantes. Ese tejido es vulnerable. La amenaza, hoy, es el otro ser humano, o mejor, un pequeñísimo organismo que decidió vivir dentro de él. Pero, no es la única. El nivel de los riesgos globales se define por la complejidad del sistema. La primera lección del coronavirus es que podemos organizar y poner en marcha, en poco tiempo, una respuesta global. La segunda es que la individualidad debe ceder su dudoso predominio a la colectividad. El sistema del cual formamos parte se conecta con otros sistemas: la cultura que hemos construido, las ciudades, la economía, la naturaleza.

Todo eso está en riesgo, no por el coronavirus sino por la equivocación de haber hecho prevalecer la individualidad sobre el carácter colectivo de nuestra especie. Por haber hecho prevalecer individualismo sobre cooperación, competencia sobre solidaridad. Lo del coronavirus nos costará individuos, pero no será el fin del mundo ni es la amenaza mayor para la especie. Si no aprendemos bien esta segunda lección, la de que somos un tejido vulnerable e interconectado por diversos niveles de complejidad, y no un conjunto de individualidades que se pueden empinar sobre el colectivo y dictar normas, creencias, prejuicios; si no aprendemos bien esta lección, insisto, aumentaremos peligrosamente nuestra vulnerabilidad como sociedades humanas. Y pondremos en riesgo, además, la vida. Habría que recordar que no siempre hubo sociedades individualistas, no siempre hubo economías tan desreguladas ni aparatos productivos tan voraces. La equivocación de la cultura que nos ha traído hasta aquí es asunto más o menos reciente.

Cuando confundimos progreso con desarrollo, y peor aún: cuando asimilamos que el desarrollo era exclusivamente para el crecimiento. Por haber perdido de vista que progresar era vivir en armonía con todas las especies vivas (y disfrutar de la cultura que habíamos logrado construir) perdimos de vista que el desarrollo era para la felicidad. Ahí empezó el error, y después se diseminó como creencia, como si nunca hubiera habido otra manera de vivir.Tarde, quizá, hemos venido a aprender que teníamos que haber vivido de una manera más humana y menos artificiosa.
#QuédateEnCasa.

Manuel Guzmán Hennessey
@GuzmanHennessey

Empodera tu conocimiento

Más de Manuel Guzmán Hennessey

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.