La muerte de los físicos

La muerte de los físicos

El cabo que dejó suelto la teoría del todo permitiría predecir algunos fenómenos físicos.

16 de marzo 2018 , 12:00 a.m.

El otro día me acordé de Jorge Wagensberg, el físico creador del museo de ciencia CosmoCaixa de Barcelona. Escribí una nota para la revista de la Universidad del Rosario, pero antes de que saliera publicada murió Wagensberg.

Hoy, el tema es con Hawking. Pensé que sería bueno redondear aquí lo que no alcanzó a salir en aquella columna sobre el catalán, y cuando ya la tenía entre manos salta la noticia: ahora el que muere es Hawking. Inevitable ha sido, para mí, recordar la teoría de los dobles, enunciada, hace ya mucho tiempo, por un etólogo de Tarifa que anduvo entre nosotros, Agustín Díaz de Campoamor. Esto dijo: siempre que ocurre un hecho, de alguna manera notorio (algo más de lo cotidiano) ocurrirá otro hecho, en breve, destinado menos a corroborar el primero que a sugerir una historia de doble hélice, en la efímera y veleidosa piel de los días.

Menos volátil que la teoría de los dobles es la teoría del todo. No obstante, de alguna manera sutil, no explicada por la física ni por la retórica, esta última toca los bordes de la primera, quizás para recordarnos que lo único estable (y acaso verdadero) en el vasto Universo es la incertidumbre: efímera y veleidosa piel de los días. La teoría del todo postula que todos los fenómenos físicos conocidos están conectados por hilos invisibles que atan las causas con los efectos en direcciones caprichosas y, algunas veces, confluyentes.

Cuando mueren dos físicos por los mismos días de este vasto universo, en realidad no mueren, como decía Jean Cocteau: solo fingen morir.

El cabo que dejó suelto la teoría del todo (Hawking, 2007) permitiría predecir la ocurrencia (o más bien la confluencia) de algunos fenómenos físicos en el futuro cercano. ¿La muerte de los físicos? ¿La velocidad de la expansión del Universo? ¿El tiempo del big bang? ¿La partícula de Dios?

Asuntos más de arte que de ciencia y que, como tal, elucubraron Jorge Wagensberg y Salvador Dalí. Coincidieron dos veces en Figueres, con otros físicos del siglo XX, para explorar estos vínculos. Y encontraron quizás, con René Thom e Ilya Prigogine, con R. Margalef y G. Ludwig, que el hilo que conecta la realidad visible con aquella que se teje en lo invisible e implícito es la creatividad humana. La libertad de crear y la libertad de ser. Por eso, cuando mueren dos físicos por los mismos días de este vasto universo, en realidad no mueren, como decía Jean Cocteau: solo fingen morir.

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY

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