La lluvia

No hablo de una lluvia buena, sino de una catastrófica y visitante asidua de campos y ciudades.

27 de febrero 2020 , 07:38 p. m.

Le pregunté a Bernardo Toro su criterio sobre el énfasis que debían tener las organizaciones que trabajan sobre la crisis climática, teniendo en cuenta el momento que vivimos: la crisis, la confirmación de los escenarios más catastróficos, el aumento progresivo de los riesgos. Me contestó que lo esencial era comunicar la índole de la nueva realidad: la crisis climática como determinante físico de unos cambios irreversibles en el sistema Tierra. Que la sociedad entendiera, exactamente, de qué se trataba, qué nueva realidad nos envolvía.

Entonces empezó a llover. Fue el martes 25 de febrero. No eran las dos de la tarde todavía, pero el cielo se oscureció de tal manera que casi no se veía la avenida Chile (desde la calle 71). Poco después arreció el aguacero, y cuando uno creía que iba a escampar empezaba otro, y otro más, hasta que, poco a poco, fue colapsando el norte de Bogotá. Y cayeron árboles sobre las vías, y se inundaron casas, y algunos motociclistas fueron arrastrados por ríos súbitos.

A las ocho y media de la noche había una fila de autos detenidos en la carrera séptima. Mi hija tardó casi tres horas en un trayecto de sesenta cuadras. Cuando empecé a escribir esta columna vino a mi mente un poema de Borges: “Bruscamente la tarde se ha aclarado porque ya cae la lluvia minuciosa”. Caigo rápidamente en cuenta de que no me sirve para seguir adelante. No es de esa lluvia buena de la que estoy hablando, sino de una lluvia catastrófica que ahora conocemos como visitante asidua de nuestros campos y ciudades. Sucede en todo el mundo. Ha llovido tanto en la tierra de Jutlandia que se han desbordado los fiordos sobre ciudades como Aarhus y Randers.

Y también ha llovido en Euskadi, y la Universidad de Reading publicó un estudio que revela el riesgo de inundaciones por lluvias cada vez más intensas a lo largo de la costa oeste de Gran Bretaña, el norte de Francia, la costa este y sur del mar del Norte y la mitad oriental del mar Negro. No es todo. Otra parte del mundo arde por incendios forestales, pero todos sabemos lo que tenemos que hacer: nada fácil. Cambiar el paradigma que nos trajo hasta aquí.

Bernardo Toro aprovechó una tregua de la lluvia para salir del restaurante, y después llamó a Claudia Toro para preguntarle si yo había quedado molesto por algo. No, solo había quedado pensativo por la noción de ‘determinante físico’ que me acababa de enseñar.

Manuel Guzmán Hennessey
@GuzmanHennessey

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