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Groenlandia

Groenlandia

El otrora paraíso azul es hoy un infierno helado compuesto de alcoholismo, miserias y suicidios.

13 de enero 2022 , 08:00 p. m.

COPENHAGUE. Una delgada línea negra se abre paso entre dos gigantes de hielo. Es un espejo de agua espesa que a poco será franja y que más adelante será un pequeño río. Entonces arrastrará bloques blancos de gigantes derretidos que van a dar a la mar que es el morir. Estoy en el más alto territorio de la Tierra. Asisto al espectáculo del antropoceno, por medio de un relato y un video que me muestra su autor, el fotógrafo Mike Kollofel. Antropoceno: dudoso honor de una especie, la nuestra, que tuvo la posibilidad de conservar la isla más grande del mundo y optó por acabarla.

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Mike habla sin parar de sus varias semanas vividas en Groenlandia. Me muestra fotos y me señala en mapas lugares remotísimos. Me cuenta de sus días en Thule, durante aquellos que no acaban porque allí la noche no existe durante los meses de junio, julio y agosto. Puedo ver en sus ojos la paradoja de un progreso equívoco. Veo las casas danesas trasplantadas a la tierra inuit. Y hay hoteles, airbnb y cruceros de turistas ricos que avanzan por un mar que, para gloria de ellos, ahora se puede navegar. Se asoman a cubierta y parece que celebran el comienzo del fin.

Kuupid Kleist, uno de los artífices del progreso entre comillas, abrió Groenlandia a las compañías mineras y otorgó licencias de exploración a los chinos. Ni cortos ni perezosos entraron a saco por Isua para sacar el hierro, y el uranio y las tierras raras con las cuales se construye ¡cómo no! (y otra vez) el progreso. Dudoso honor de una especie, la nuestra, hacedora de nuevos ríos que vierten, aguas abajo, las aguas de una muerte lenta, helada, silenciosa.

En Groenlandia viven 57.000 personas como puntas de icebergs que esconden, aguas adentro, la explicación que aún nos debe el Acuerdo de París: ¿por qué? El otrora paraíso azul es hoy un infierno helado compuesto de alcoholismo, violaciones, miserias y suicidios (los índices más altos del mundo).

Una débil esperanza se asoma entre las grietas (¿una delgada línea?). Aleqa Hammond, la joven primera ministra, prometió revisar los contratos mineros para evitar que Dinamarca quede (también) en manos de los chinos. Mike sigue pasando fotografías en su computador. Veo pasar este tiempo que en suerte nos tocó y compruebo la realidad que nos aplasta. Groenlandia es tan solo el iceberg. ¡Ah, Margarita, la reina querida, ah, Hamlet, ah, Lear, Lear, Lear!

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY@GuzmanHennessey

(Lea todas las columnas de Manuel Guzmán Hennessey en EL TIEMPO, aquí)

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