En contravía

En contravía

Invertir en la industria del carbón o del petróleo es remar en el sentido contrario de la historia.

16 de julio 2020 , 09:25 p. m.

Lo que necesitamos hoy, y mañana cuando todo esto acabe, es entender que estamos en una misma barca y que si no remamos en la misma dirección, naufragaremos. Las condiciones del tiempo no son exactamente las mejores. Remar sin el compás debido, sin el ritmo exigido y sin la fuerza necesaria puede entorpecer el rumbo de la barca. Remar en contravía sería suicida. La tendencia de la desinversión en la industria de combustibles fósiles responde a la necesidad de acelerar los cambios hacia energías más seguras, que no comprometan el futuro de la vida.

Invitar a la inversión en la industria del carbón o del petróleo es remar en el sentido contrario de la historia. Aumentar el impuesto del carbono a las fuentes más carbónicas es lo correcto. Razonar en el sentido contrario es dar el mejor ejemplo de cómo no se debe hacer una política pública. Insistir en que la recuperación de la economía puede hacerse generando empleos en la industria extractiva, profundizando el modelo energético de los fósiles, es un error. Remar en contravía de los países que entendieron el momento que vivimos, la Unión Europea, por ejemplo, que estimula la inversión y el empleo en la nueva economía verde. Hablo de lo energético porque es lo central. Vale la pena conocer las tendencias y acciones de recuperación y cambio energético del mundo: https://www.energypolicytracker.org/

No es lo único que hay que hacer, pero es central. Creer que las ciudades deben seguir creciendo y densificándose desmedidamente es no haberse percatado de la lección de la pandemia: vivir hacinados en sistemas de transportes, lugares de recreación, centros comerciales o espacios públicos es insano. Estimular el agresivo arrinconamiento de los ecosistemas estirando hasta su máximo límite posible las fronteras de las ciudades, de la agricultura o la ganadería es algo que más que suicida. Ecocida.

Los ciudadanos eligen a sus gobernantes pensando que conducirán en tiempos de mar en calma, pero si la situación cambia y se ven obligados a manejar la nave con el viento en contra y el mar embravecido, los ciudadanos esperan que respondan con valor y sentido histórico ante los desafíos. Ya sé que es mucho pedir en muchos de los casos que están a nuestro alcance. Entonces deberían dejarse ayudar, en lugar de insistir en remar en contravía.

Manuel Guzmán Hennessey@GuzmanHennessey

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