Cortar un árbol

Cortar un árbol

Más humanidad, menos depredación; más naturaleza, menos muerte.

06 de junio 2019 , 07:00 p.m.

Dejó escrito Michel Serres, antes de partir la semana pasada, que aún nos resulta posible hacer un contrato natural para reconciliarnos con la naturaleza. Esta idea, solo simple en apariencia, no es extraña para nosotros. Fue debatida por el grupo de ambientalistas que defiende la paz de Colombia.

Wilches-Chaux viene insistiendo en ello desde hace bastante tiempo: no basta hacer la paz entre nosotros, es preciso además la paz con la naturaleza. Si no lo hacemos, dice, la naturaleza se encarga de recordárnoslo. No siempre de manera tranquila.

Hoy es preciso educar a partir de una urgente y nueva filosofía de reverencia por la vida que nos devuelva la esperanza y facilite la transición hacia un mundo viable

Serres nos dejó dicho: “Debemos decidir la paz entre nosotros para salvaguardar el mundo y la paz con el mundo a fin de salvaguardarnos”. ¿Qué pasa por la mente de un hombre, me pregunto, cuando toma la decisión de cortar un árbol? Cuando siente que es de él la potestad de cambiar el uso que, naturalmente, tiene la Tierra, el de albergar la vida. Y arrasa un bosque. Quita la vida del dominio de sus ojos: antes, el paisaje; ahora, un potrero. ¿Qué pasa por la mente de nosotros, los de Colombia, incapaces de conmovernos y reaccionar como nación, ante el desastre de la deforestación en serie que se está produciendo ante nuestros ojos? Cortar un árbol es el crimen mayor. Cortar muchos, un crimen en serie. Entrar a la Tierra con máquinas inhumanas para sacarle los ‘tesoros’ que guarda. La minería es necesaria; la ocupación del territorio, también, pero hay que hacerlo con cuidado y respeto.

Los criterios de apropiación y uso de la naturaleza, si no van acompañados de actitudes de restitución y conservación, son dañinos. Hoy es preciso educar a partir de una urgente y nueva filosofía de reverencia por la vida que nos devuelva la esperanza y facilite la transición hacia un mundo viable. Ese es el legado de Michel Serres (1930-2019). Pasó de la Escuela Naval de Francia al cultivo de la filosofía, y desde esa plataforma iluminó los caminos de una educación que hoy necesita reinventarse, como viene diciendo Martha Nussbaum. Más filosofía, menos negocios; más humanidad, menos depredación; más naturaleza, menos muerte; más arte, menos espectáculo. En todo eso he pensado en el día dedicado a celebrar el medioambiente. En la falta que nos hacen los filósofos como Serres, que nos invitó a preguntarnos por nuestro papel en el mundo y la historia: “¿Quién soy yo, ahora, durante algunos segundos?”.

@GuzmanHennessey

Sal de la rutina

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