Comprar y crecer

Comprar y crecer

La obsesión por el crecimiento nos ha llevado a superar los límites del planeta. 

09 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Me preguntó una periodista al término de una conferencia con los gobernadores: Usted dijo que solo atendíamos los síntomas y no el problema. ¿Cuál es el problema? Consciente de que podía iniciar una larga respuesta inmanejable tomé el riesgo: el crecimiento. Opino que más temprano que tarde nos atreveremos a cuestionar este paradigma. La obsesión por el crecimiento nos ha llevado a superar los límites del planeta (ver Informe Ipbes).

Cuestión de vida o muerte. El consumismo irracional es consecuencia del modelo mental del crecimiento. He ahí el problema. La sociedad del crecimiento es el síntoma, la economía del crecimiento el motor del paradigma. Estamos atrapados. No hay salida, alcanzó a decir José Saramago antes de morirse. Yo creo que, si nos atrevemos a cuestionar el crecimiento y planteamos economías donde prevalezca una prosperidad más cercana a la felicidad que al crecimiento per se, sí hay salida. Tim Jackson lo viene haciendo, Serge Latouche también.

Cuando trataba de encontrar un ejemplo que resolviera brevemente lo que quería decir recordé que cuando le preguntaron al presidente Eisenhower qué debían hacer los ciudadanos para solucionar la recesión dijo: ¡comprar! ¿Comprar qué? ¡Cualquier cosa! Esto fue en 1950 y creo que a él se debe la receta que muchos han aplicado después. La fórmula de Aznar para la reciente crisis española fue la misma: abaratar los créditos bancarios para que los ciudadanos pudieran volver a comprar.

El consumismo irracional es consecuencia del modelo mental del crecimiento. He ahí el problema. La sociedad del crecimiento es el síntoma, la economía del crecimiento el motor del paradigma.

Cuando le preguntaron al presidente Bush, en 1992, lo que haría Estados Unidos para combatir el problema ambiental fue más enfático (ya estaba el paradigma): No hemos venido aquí a negociar nuestro estilo de vida. Si tienes dinero, compra, compra y vuelve a comprar, dice el Big Daddy en la novela de Tennessee Williams. Los gobernantes locales pueden hacer algo, dejar un legado: transitar hacia una economía sin carbono. Durante el cuatrienio que ocupó sus mandatos cambió el mundo. En 2016 cobraron protagonismo los actores no estatales: ciudades, inversionistas, empresarios. Múltiples y ambiciosas iniciativas orientadas a acelerar la transición. En 2018 se conoció que la meta del Acuerdo de París no será suficiente para detener la crisis. Ya no sirve mantener el calentamiento por debajo de 2 °C. No podemos pasar de 1,5 °C. Esta columna sigue.

@GuzmanHennessey

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