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Los sonidos del silencio

Los sonidos del silencio

Lo que les legamos a los jóvenes no es lo mejor. Encontraron una sociedad anestesiada por la muerte.

20 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Cuando les pregunté a mis estudiantes sobre la crisis hicieron un silencio activo. Meditado y elocuente. Agazapado entre sus corazones y sus cerebros. Traté de ir más lejos, Zoom mediante, buscando una palabra que explicara sus sentires. Entonces intuí los sonidos de aquel silencio. Y aprendí que la perplejidad se explica mejor por ellos que por las palabras. Por el asombro que por las certezas. Pero este silencio no expresa ausencia de explicación sobre las cosas, sino impotencia.

Lo que sucede en los jóvenes es algo muy complejo que tardaremos en entender. Cuando el asombro se impone sobre la razón y resultan más audibles el miedo y la desesperanza, quienes deben ofrecer respuestas no son ellos, sino nosotros. Los que estamos de salida sin calificaciones sobresalientes. El mundo que les legamos no es el mejor, y eso, entre muchas otras cosas, ha sacado a flote la pandemia.

Pero no es la pandemia la responsable del mundo en declive. Tampoco de un país en declive. No. Ella es tan solo el síntoma de un desajuste sistémico que incubamos lentamente. En Colombia y en el mundo. Los jóvenes encontraron una sociedad anestesiada por la muerte. 6.402 ejecuciones de civiles (entre 2002 y 2008), 904 líderes sociales asesinados desde 2016, 276 excombatientes (también desde 2016), 2.387 casos de violencia policial y 51 asesinados en 20 días de protesta, según Indepaz. Los policías que han muerto o están heridos también son jóvenes. Cesare Pavese escribió: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos / esta muerte que nos acompaña / de la mañana a la noche, insomne y sorda, tus ojos serán una vana palabra, un grito acallado, un silencio”.

Los estudiantes no son los únicos que se quedan sin palabras cuando les piden explicación sobre la crisis. Pero todas las crisis confluyen en ellos. La última clase fue ayer jueves. Ahí estaban, todos, comprometidos con sus estudios y con sus vidas. Entonces advertí que aquel silencio era en verdad un grito. Y como suelo poner una canción al final de las clases escogí Los sonidos del silencio, de unos que cantaban cuando yo era más joven y creíamos que el mundo podía ser cada vez más humano: Simon & Garfunkel. Hola, oscuridad, mi vieja amiga, he venido a hablar contigo otra vez, porque una visión que fue sembrada en mi cerebro permanece en el sonido del silencio... Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Manuel Guzmán Hennessey@GuzmanHennessey

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