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¡Ay, John Kerry!

¡Ay, John Kerry!

Él pudo haber determinado que la Cumbre acabara sin acuerdo, lo cual habría sido más elocuente.

18 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

El Pacto de Glasgow estaba listo el viernes. Ese día acababa la pomposa cumbre de las palabrerías. Algo tan obvio como prescindir ya del uso del carbón como fuente de energía aparecía por primera vez en el texto. Decía phase out ('disminuir lentamente hasta que se acabe'), pero algunos delegados y grupos de presión trabajan en las sombras. Encontraron que si cambiaban phase out por phase down, lo que dirían sería simplemente disminuir lentamente. No hasta que se acabe, sino ad infinitum, si ello fuere posible. Dilatar, prolongar, engañar. Lo hicieron.

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No contentos con ello, siguieron escarbando. Y en la línea que decía 'eliminar los subsidios a los combustibles fósiles' agregaron 'ineficientes'. De manera que los países que deseen mantener los subsidios podrán decir que 'en su contexto', esos combustibles representan alguna suerte de eficiencia. Había 500 lobistas en la Cumbre, y algunos países y miembros de la sociedad civil culparon a estos y a los delegados de India del cambio de última. Alok Sharma, el presidente de la cumbre, lloró. Pero el responsable es otro: John Kerry, la gran decepción de Glasgow. A él le llevaron el texto, y lo apoyó. Esto era indispensable debido a que si India se oponía, sencillamente no habría consenso y la Cumbre habría cerrado sin acuerdo, como ha ocurrido otras veces. Pero Kerry venía cumpliendo un papel notable al impulsar el Pacto energético de EE. UU. Se esperaba de él mayor coherencia.

Biden llegó debilitado a Glasgow por la oposición de su propio partido a su paquete de políticas cuando regresó a su país al Acuerdo de París. ¿Por qué Kerry no se opuso al cambio del texto? Todos saben que el matiz 'hasta que se acabe' indica el fin del carbón como fuente energética. Es el nudo gordiano de estas cumbres: las responsabilidades comunes pero diferenciadas que países como China e India han usado como excusa para mantener al alza su nivel de emisiones y aplazar la neutralidad carbónica hasta 2060 y 2070. ¡Ya para qué! En las manos de John Kerry estuvo, por unas horas, el Pacto de Glasgow. Él pudo haber determinado que la Cumbre acabara sin acuerdo, lo cual habría sido más elocuente que el vano éxito que algunos celebran. Ello quizá habría obligado al sistema ONU a enfrentar, por fin, el desafío de reformarse a fondo. Pero Kerry prefirió complacer a India, y de paso a China y a unos cuantos más. ¡Ay, Estados Unidos!

MANUEL GUZMÁN HENNESSEY@GuzmanHennessey

(Lea todas las columnas de Manuel Guzmán Hennessey en EL TIEMPO, aquí)

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