Soñé que yo era presidente

Soñé que yo era presidente

En mi sueño, Santos, Uribe y Pastrana se comprometían a trabajar por la defensa del proceso de paz.

30 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

No voy a escribir de las elecciones en Estados Unidos. Creo, sí, que el hombre del mechón de parasol perderá. Es muy mal presidente, ha manejado pésimamente la pandemia, sin importarle la vida de sus ciudadanos. Es soberbio, arrogante, mentiroso, racista… no sigo porque parece una canción de despecho y porque me piden en extradición. El covid-19 será el gran elector. A Donald Trump el mal le ha llegado con complicaciones, tanto que se dice que le golpeó las bolsas. Pobre, con lo que eso duele.

Pero hoy quiero contarles un sueño. Soñé que yo era presidente. Yo era un jugador de fútbol, con el 22 en la camiseta. Uribe decía, “ojo con el 22”, y efectivamente gané la presidencia con mi movimiento, el Polvo Democrático.

Mi posesión fue austera. Nada de dos mil invitados. Apenas Adriana, los niños y yo, miembros de la campaña, los nuevos ministros, campesinos rasos de punta en blanco, el cuerpo diplomático y Sofía Vergara, con su cuerpazo diplomático.

El discurso fue corto. Di las gracias y juré a pie junto que cumpliría lo prometido en campaña: defender el proceso de paz, proteger la vida de todos, luchar contra el hambre y la corrupción. De lo contrario, entregaría el poder por no poder. Estar por debajo del 80 por ciento de popularidad no me dejaría dormir.

Era otra Colombia, con seguridad ciudadana. Hasta se ofrecían recompensas por la captura del covid-19, vivo o muerto. Sin embargo, los sueños, sueños son, desperté en la
triste realidad.

Y juré que en mi gobierno no habría espejo retrovisor, pues yo sabía cómo estaba el país y así me había postulado. Para llegar a quejarse, va uno a urgencias, dije, y aplaudieron.

Yo no sé cómo, creo que la Virgen de Chiquinquirá y las otras 11.000, el mismo Dios verdadero, hicieron el milagro. Yo había convencido a Petro, a Uribe, a Santos, a Pastrana, a Gaviria, a Fajardo, a Robledo, a todos los jefes de los partidos, que andaban tan partidos, de hacer un alto en las disputas y en las ambiciones políticas y trabajar unidos por el país.

Los invité al Palacio a una cena bien trancada y les salí con un pan más bien duro y agua de panela algo sin dulce. “Esta es la comida, en muchas noches tristes, del 14 por ciento de los colombianos”, les dije. “Tiene huevo”, dijo uno de los invitados. “No, señor, no alcanzó la plata”, respondí. Hasta Uribe soltó la risa.

Les comenté que por la pandemia, por la crisis económica, por las cifras de pobreza en un 37,5 por ciento, si no más; con una pobreza extrema del 14 por ciento, con un desempleo llegando al 20, no al 20 de julio, sino al 20 por ciento; con bandas criminales por todo lado, inseguridad, el país iba de cu.. pal estanco, y era injusto y absurdo que siguiéramos divididos. Los invité a que hiciéramos algo histórico por nuestra gente, que, unidos, sacáramos este país adelante, que Colombia podría ser el mejor de Latinoamérica. ¡Aceptaron! Se dieron codito, codito, y manos a la obra, dijo un ladrón de arte.

Santos, Uribe y Pastrana, llenos de experiencia, se comprometieron a trabajar, trabajar y trabajar en la defensa e implementación del proceso de paz y para evitar los crímenes de los reinsertados y de los líderes sociales. Duque era ministro de comunicaciones. Petro, el de agricultura; exportábamos mucho aguacate, los químicos quedaron proscritos, todo orgásmico, como dijo un campesino, y el campo, con asistencia técnica desde las escuelas y buenas vías, iba a todo vapor. Y así, con la campaña ‘Sembramos paz, coca no más’, y persecución implacable, teníamos a los narcos a raya. Los congresistas, cada tres meses donaban cada uno 10 millones de gastos de representación para obras sociales. En cada ciudad intermedia se construía una universidad pública. Era otra Colombia, con seguridad ciudadana. Hasta se ofrecían recompensas por la captura del covid-19, vivo o muerto. Sin embargo, los sueños, sueños son, desperté en la triste realidad. Pero algo de esto se podría, ¿o no?

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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