¿Somos libres y soberanos?

¿Somos libres y soberanos?

Hoy no nos dominan los tíos de España. Tenemos al Tío Sam, que nos mantiene con el lazo cortico.

09 de agosto 2019 , 08:36 p.m.

Se conmemoró, este 7 de agosto, el bicentenario de la independencia de Colombia, sellada en la batalla de Boyacá. Pocos –y debería ser obligatorio– izaron el pabellón nacional.

No nos sabemos el himno nacional, que cantamos mascando chicle; menos el de la bandera de Colombia: “Saludo, adoraba bandera, que un día / batiendo sus pliegues allá en Boyacá / sellaste por siempre la lucha bravía / de un pueblo que ansiaba tener libertad”... Bis, ¿ves?, como me decía una profesora de música.

Si acaso nos despiertan pasión nacionalista los deportistas. Esta vez, por ejemplo, Egan Bernal, el conquistador de Francia, no en su caballo Palomo, sino de acero, colmó la plaza de Zipaquirá. Muy merecido. Él puso la bandera en lo alto, como nuestros héroes.

¿Libertad? Pensaba, a propósito del bicentenario, en Simón Bolívar, en el coronel Juan José Rondón –el gran héroe de Boyacá, a quien Bolívar le dijo: “Salve usted la patria”; en Francisco de Miranda, en José Antonio Páez, en el mariscal Antonio José de Sucre, venezolanos ellos, gigantes. Y fue inevitable pensar también en el pueblo hermano y en el otro bolivariano, que termina en ano, pero por tirano e inhumano: Nicolás Maduro, quien pasará a la historia negra de la humanidad. ¿No habrá allá un coronel que salve la patria? Miren a su pueblo, militares venezolanos, que es una triste aunque altiva diáspora por el continente. Ustedes pueden vestirse de héroes. Maduro debe caer, por el futuro de su país, por el bien del pueblo de Bolívar.

¿Somos libres cuando más de 400 líderes sociales han sido asesinados después del acuerdo de paz?

Y, de nuevo en Colombia, hay que preguntarse qué es la independencia. Bolívar dijo que la monarquía le importaba un soberano y le dio al rey en la torre. Y fuimos libres, ¡oh júbilo inmortal! Hoy no nos dominan los tíos de España, joder; sin embargo, o con embargo, mejor, tenemos al Tío Sam, que nos mantiene con el lazo cortico. Cada año debemos rendirle cuentas o nos descertifica. Este año pasamos la prueba. Pero el Tío quiere más sacrificios en la lucha antidrogas. “La patria así se forma / termópilas brotando”. Y el del mechón exige que sigan fumigando. ¡Oh gloria inmarcesible!

¿Somos libres cuando más de 400 líderes sociales han sido asesinados después del acuerdo de paz? ¿O cuando millones de campesinos en Catatumbo, Nariño, Cauca, etc., viven bajo el fuego cruzado de los grupos ilegales? Para todos ellos no ha cesado la horrible noche. Una tragedia que viene de lejos, por la guerra entre rojos y azulejos. Porque aquí vivimos en guerras civiles durante el siglo XIX. La de los Mil Días costó más de 100.000 muertos. Y después, la de las Farc, que duró más de 50 años y, por fortuna, conjuró Santos.

Hoy, que estamos de bicentenario, en honor a quienes dejaron sus vidas en el campo de batalla, y sobre todo por los que aún no saben de “la libertad sublime” o ‘de ublime’, hay que bregar a ser soberanos y rescatar a nuestro propio pueblo. Deberíamos empezar por volver a las clases de historia y de cívica, que es cimentar el orgullo nacional. Es la patria, boba, como decían dos naciones hablando.

Y, presidente Duque, con independencia de su partido y del presidente eterno, siga fortaleciendo lo firmado en la paz. Y bregue a someter por las buenas o por las malas al Eln y las ‘bacrim’. De otro lado, salve usted la plata, pues hay que ponerle las cadenas a tanto mal patriota que se roba el tesoro nacional. Porque no hay que llorar ya por el oro que se llevaron los españoles, sino cuidar del que se apropian aquí los gilipollas corruptos criollos. La independencia sola / el gran clamor no acalla. / Si el sol alumbra a todos / justicia es libertad. Eso es justicia, Presidente. Lo demás será un canto a la bandera, tíos.

luioch@eltiempo.com

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