Seis meses con el enemigo

Seis meses con el enemigo

Van seis meses de miedo y muerte. Pero también hemos aprendido y hay cosas que deben quedarse.

04 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Mañana cumpliremos seis meses de pandemia en Colombia. Y en los pocos años que tengo, como dijo Matusalén, cuando cumplía 744, no había visto una situación tan dolorosa, mortal y preocupante como está, que nos puso a todos a hablar y a escribir de lo mismo y casi lo mismo. Y a llevar la cuenta terrible. Van más de 870.000 muertos en el mundo. En Colombia iban ayer 20.618. Y según el mapa mundial que elabora la Universidad Johns Hopkins, en EE. UU., nuestro país ocupa la sexta posición en el listado de naciones con más contagios reportados.

Aun así, al Gobierno le tocó abrir aeropuertos, carreteras, fábricas, restaurantes, bares, hoteles, moteles, etc., porque la economía también está en cuidados intensivos. Pero el virus no se ha ido y, creo yo, hoy el peligro es peor.

A propósito: sabrá Dios por qué se abren los moteles, y las iglesias no. Será porque en aquellos sitios también se escucha el “te lo pido de rodillas”. Pero es en los templos en donde fortalece el espíritu y se ora pro nobis, por todos, por el país, que necesita de la ayuda divina para superar esta y muchas crisis.

Van seis meses de miedo, incertidumbre, esfuerzos gubernamentales –acertados o no–, de muertes y dramas. Hemos sufrido y llorado y confirmado que seguimos tan divididos y llenos de odio que nos agarramos hasta frente a los cadáveres, antes que unirnos y aportar soluciones. Creo, por ejemplo, que la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, ha tratado de hacer lo mejor posible. Que implementó una red hospitalaria amplia, con UCI suficientes; que ha llevado ayudas económicas y en mercados a miles de personas, las más vulnerables; que el aislamiento por localidades y barrios contuvo el mal y que ha hecho pedagogía útil, a pesar de la terquedad de muchos. Pero los enemigos políticos la culpan porque subió el desempleo. Y la van a culpar porque todavía no hay vacuna contra el covid-19.

Claudia López ha tratado de hacer lo mejor posible. Pero los enemigos políticos la culpan porque subió el desempleo. Y la van a culpar porque todavía no hay vacuna contra el covid-19.

Pero quería también decir que en estos seis meses durmiendo con el enemigo hemos aprendido, y hay cosas que deberían quedar. Que se queden la solidaridad, porque la ha habido y eso dice que no todo está perdido. Que se queden los cantantes. La Alcaldía de Bogotá, por ejemplo, debería contactar y contratar a muchos grupos llaneros, vallenatos, rancheros, boleristas: “Me importas tú, y tú, y tú, y solamente tú”, como seguramente le dice Duque a Uribe. Los hay muy buenos y varados. Vi hasta un gran tenor y su tenora, una violinista. Todos ellos, los domingos, en muchos parques de barrio, nos alegrarían un poco la vida. Qué bueno una Bogotá con serenata dominical.

Nos deben quedar ciudades más amables, menos contaminadas y menos trancones, un transporte público con distancia y respeto a las mujeres, un sistema de salud humano, con buenas instalaciones, ágil, con citas virtuales y presenciales, con contratos directos para los médicos y demás personal, y bien pagos. Presidente, dígales también: “me importas tú, y tú…”. Y que se refuerce la salud mental. Las muertes, la pobreza –1,6 millones de hogares en Colombia, según el Dane, no logran comer tres veces al día–, el desempleo dejan trastornos silenciosos que necesitan ayuda profesional.

Lo he pedido mucho, e insisto, persisto y no desisto, que nos quede un campo fortalecido, con más masato que glifosato, con menos masacre y más acres cultivados. Y más tecnificado.

Y que nos quede la vida. Pero hay que defenderla. No solo la de los líderes y lideresas sociales, las de los reinsertados y los jóvenes, sino la de todos, cumpliendo los protocolos de bioseguridad. Y que se quede el infinito sin estrellas, pero nadie sin tapabocas usar. Como le decía una madre a una hija a antes de llegar el covid, de no quitarse esta pequeña prenda depende casi todo.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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