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Se refrendó la paz

Se refrendó la paz

Con esto no gana Santos ni pierde Uribe, gana el país, ganan las vidas, gana el futuro de Colombia.

26 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

Hace cinco años, cuando los uribérrimos hacían campaña por el ‘No’ a la paz, con mentiras además, pocos imaginaban que hoy, cuando se conmemora un lustro del hecho histórico de la firma con las Farc, los tiquetes para el tren de la paz estuvieran agotados.

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Todo ha cambiado, todos hacen fila, cosa que alegra y da esperanzas de reconciliación. ¿Por qué no lo hicieron antes? Hoy la paz es de casi todos, y Juan Manuel Santos, a punto de ser invitado a Palacio.

Nada es fácil después de una guerra de más de 50 años de violencia salvaje y espantosa, de secuestros, miles de muertos, dolor y heridas profundas. Una niña fue violada, su madre le contó al jefe de un frente, con dos dedos de frente, y luego la mataron. Así de brutal todo. Pero eso era, precisamente, lo que había que detener.

Hoy ya camina la institucionalidad creada para la implementación del acuerdo, que es constitucional e irreversible. Y con esto no gana Santos ni pierde Uribe, gana el país, ganan las vidas, gana el futuro de millones de colombianos.

Lo que pasó esta semana es un regalo de Navidad adelantado para Colombia, pues es una refrendación del acuerdo. Duque, que parece desmarcado de Uribe, como si le hubieran robado el espejo retrovisor en la carrera 10.ª, se comprometió ante el mundo a entregar el Museo de Memoria Histórica antes de dejar el poder, así como a seguir con la implementación de los acuerdos. Y mostró los avances en su gobierno, aunque falta mucho. Pero la paz con las Farc, ya casi de todos, es un concierto de violín y piano en el que el único que desentona tocando pandereta es Uribe.

Se necesita que el Estado haga presencia, que conquiste al campesino, que lo proteja, que haya reforma rural; vías terciarias, salud y educación.

El propio secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que “el espacio político de los sectores opositores al acuerdo de paz tiene mucha menos fuerza que hace cuatro años”. Dijo también que “el proceso está vivo, se ha hecho mucho, hay muchos retos complicados, dificultades de implementación en distintas áreas, pero Colombia es un símbolo de paz para el mundo”. Y es respaldado por la comunidad internacional, que ve en este proceso un modelo.

Así lo dejaron saber en las últimas semanas el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken; el fiscal de la Corte Penal Internacional, Karim Kahn, y el mismo Guterres. Y, para que te aterres, Guterres, Estados Unidos sacará a las Farc de la lista de terroristas. ¿Cuándo se pensó esto?

El acuerdo del Teatro Colón, es lo mejor que le ha pasado Colombia en el último siglo. No todos los años se desarman y desmovilizan más de 13.000 combatientes, que entregaron (cito a Sandra Borda) “8.994 armas, 1’765.862 municiones de diferentes calibres de armas ligeras, 38.255 kilogramos de explosivos diversos, 51.911 metros de cordón detonante y mecha lenta, 11.015 granadas de mano y de 40 mm, 3.528 minas antipersonales, 46.288 iniciadores-estopines y 4.370 municiones de mortero”. Estas armas dejaron de matar a colombianos, campesinos, soldados, guerrilleros, dejaron de mutilar y contaminar. Se calcula que se han salvado entre 3.500 y 5.000 vidas.

Pero la paz del país está lejana porque hay narcotráfico, con carteles poderosos y bandas criminales. Y hay 250.000 hectáreas de coca. Se necesita que el Estado haga presencia, que conquiste al campesino, que lo proteja, que haya reforma rural; vías terciarias, salud y educación. Claro, se necesitan justicia, reparación y no repetición. Pensar sobre todo en las víctimas. Eso se firmó. Y protección a los reinsertados, pues van casi 300 asesinados.

En todo caso, se requiere unidad entre la dirigencia y que la paz territorial sea un propósito nacional para un día poder pescar de noche, como dijo Echandía. Falta mucho, pero es el gran reto para el nuevo presidente. Yo no votaré por quien no se comprometa a darle en el coco a la coca y aclimatar la paz.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

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