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¿Quién podrá defendernos?

¿Quién podrá defendernos?

Urge una verdadera política criminal, que sí la tienen los bandidos.

24 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Podría escribir hoy sobre James Rodríguez, quien llegó al equipo Al-Rayyan, de Catar, que me recuerda mi primer equipo, el Arrayán, el palo del torneo. Dicen los viajados que allá se come muy bien. Creo que sirven mucho kibbe, acompañado de una bebida energizante para futbolistas, como el ‘eskibbe’. Y, además, se aprende árabe. En todo caso, suerte, James. Acatar al técnico, menos redes sociales y más fútbol. Juéguesela todos los días con pundonor y entrega, pues puede ser nuestra punta de lanza para el Mundial de 2022.

(Lea además: Los amigos secretos)

Pero el tema de hoy es otro: la grave inseguridad que se vive en Colombia. Esto ya es pandemia, pues los delincuentes asustan como el covid-19. Al salir, no sabe uno cuál de los dos puede atacar. Al menos contra el covid hay vacuna. Contra los hampones hay recomendaciones como “no oponga resistencia” o, como dijo Petro un día, “no usar el celular en la calle”.

Hay miedo ciudadano; hay rabia y lutos. Y se corre el peligro de la normalización del delito, pues la gente se acostumbra a ver la tragedia. Porque todo ha cambiado. Ya no son aquellos tiempos cuando el mayor escándalo era porque “mataron a Lucio Vásquez por una joven que amaba”. Hoy, casi a diario hay una víctima, pero por un celular que amaba o por una plata que retiraba.

La noticia se repite. Asesinado un hombre de 33 años por robarle el celular, como lamentablemente pasó esta semana en Bogotá. U otra reciente, de un joven que salió a comprar un lápiz y lo mataron por lo mismo. A una adolescente le dispararon por idéntico motivo. Y de sobremesa, asaltan en los restaurantes. Es que ya uno pide su salmón, pero con mala espina de que afuera estén los del ‘róbalo’ a la carta. Las víctimas de toda clase de delitos son miles: presentadoras, humoristas, ciudadanos del común. Hemos llegado al colmo de que unos atracadores atracan a otros atracadores. Vamos camino de tener que llamar para decir: ‘Mesero, hay un ladrón en la sopa’.

Se corre el peligro de la normalización del delito, pues la gente se acostumbra a ver la tragedia.

Y no es solo en las ciudades. En pueblos y los campos también hay angustia e impotencia. O ‘emputencia’. Hay robos y atracos. Los cuatreros hacen vaca. En muchas zonas del país se están robando el ganado en pie o en presas, pues lo matan de noche en los potreros. Y ni modos de decirles a las reses que “no opongan resistencia”. Y no hay capturas.

Esta es una crisis no de los alcaldes, sino del Gobierno, y se requieren medidas contundentes y urgentes. Pero sería injusto decir que esto es tierra de nadie. En Medellín, por ejemplo, en los centros comerciales y restaurantes, habrá agentes ‘en cubiertos’. Y esperemos que en bandejas.

Pero se necesitan políticas de Estado, porque la seguridad está hecha “trizas”, no la paz, y tiene consecuencias insospechadas en la sociedad. Es importante que se sancione judicialmente el porte de toda arma, blanca, gris, negra, de fuego, traumática.
Y que haya aumento de penas para delincuentes reincidentes. Ese proyecto del Gobierno se debe acelerar, estimados padres de la plata. Bien, Claudia López. Todo ayuda. Es importante la Policía Militar en las calles. Y que haya requisas permanentes, en todas partes. Y, claro, agentes encubiertos, de civil. Y que se capacite a la Policía para que las capturas no tengan grietas judiciales, además de que los jueces se comprometan. Que haya más pie de fuerza, más ciudadanía unida con su Policía, más seguridad y confianza para denunciar. Y una real política carcelaria.

Como afirmaron Juan Manuel Galán y Pedro Medellín en este diario, urge una verdadera política criminal, que sí la tienen los bandidos. Sin duda, este debe ser un tema de campaña política, pues, como dijo el Chapulín: “¿Ahora quién podrá defendernos?”. En el Polvo Democrático tenemos propuestas serias. Mas, con esta inseguridad, espero que no me las roben.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

(Lea todas las columnas de Luis Noé Ochoa en EL TIEMPO, aquí)

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