Que no llueva glifosato

Que no llueva glifosato

Hay que reducir los cultivos de coca, pero no envenenando aire, tierra, aguas y al mismo campesino.

15 de marzo 2019 , 07:09 p.m.

JEPucha, tiene grandes retos la honorable Corte Constitucional. A lo mejor debe decidir si el presidente Duque podía objetar los seis puntos de la ley estatutaria de los acuerdos de paz por “inconveniencia”, porque allá va a llegar el puercoespín que el mandatario le envió al Congreso, y que es y será el motivo de polarización del año. Ya los partidos de oposición objetan y, por la “conveniencia” de salvar los acuerdos, convocan marchas.

Esto no cambia. Sigue el odio; el país, dividido, irascible y a punto de darse en la JEPta. Lo confirman esos trinos inhumanos y cobardes que atacan a Antanas Mockus por su dura enfermedad. No saben que ellos están más enfermos, pues tienen dañada el alma y necesitan psiquiatra. Lo bueno es que Mockus, un hombre superior, respondió con altura. “Estamos en un momento en que hasta los insultos los recibimos como una bendición. Gracias por tanto cariño”, dijo. Gracias por tanta dignidad, profesor.

Pero dejemos a los del diván y sigamos con don Iván. Parece que en Casa de Nari, en diciembre pasado se entonó, con guitarra y pandereta de El Ubérrimo: ‘Ábranse los cielos / y llueva de lo alto / malhechor rocío / como glifosato’.

Mientras haya pobreza, falta de vías, abandono estatal, habrá mafias que los obliguen. Y en tanto haya consumo habrá coca.

La Corte también debe decidir si permite o no la fumigación aérea de los cultivos de coca con este herbicida. Claro que hay que reducirlos, pero no envenenando aire, tierra, aguas, cultivos de pancoger y al mismo campesino.

El exministro Gaviria lo dijo: “La salud es un derecho fundamental”. Y el glifosato es “éticamente indefendible”. Es un veneno. Y a nadie se le echa veneno encima, más cuando hay serios estudios, con resultados recopilados en 17 países, que muestran que es potencialmente cancerígeno, que conlleva problemas dermatológicos, respiratorios y abortos espontáneos.

Pero además, ese glifosato repotenciado les cae a las aves, las fuentes de agua, los cultivos legales... Conocí tierras en donde antes era hermoso ver cocos de mil colores, como joyitas hechas por Dios; grillos, mariposas, cucarrones, millones de lombrices, que producen humus... Allí se ha fumigado, y hoy son terrenos áridos, resecos. Creo que a los mismos fumigadores se les ha secado la lombriz. Ya casi no hay comida sana, porque toca abonar con químicos. Y aumentan los casos de cáncer. Es decir, el glifosato no solo mata la mata que mata, sino la vida. Y por eso, como dijo un campesino, están pidiendo comida “orgásmica”, sin químicos.

Hasta hemos llegado a que los amigos de fumigar casi no digan que toman el whisky con glifosato. ‘Ala, nos vemos y nos tomamos unos glifos, caray’. ¿Dejaremos de decir Dios Santo y diremos dios Monsanto?

Las grandes mafias se saben defender del glifosato, que puede marchitar una cosecha, pero la coca da tres al año. Y viene la resiembra, y tumban más selva para cultivar. Además, el 40 por ciento está en los parques nacionales, donde es prohibido fumigar.

Como bien dijo Santos, a los campesinos no hay que envenenarlos, sino darles herramientas. Es como si un padre no les da de comer a sus hijos y les pega porque lloran de hambre. Mientras haya pobreza, falta de vías, abandono estatal, habrá mafias que los obliguen. Y en tanto haya consumo habrá coca.

Lo único es sustitución voluntaria y garantizar que sea rentable sembrar lo que es legal; que haya centros de acopio; evitar la intermediación que humilla al campesino; que un racimo de plátano, por ejemplo, no valga en las fincas 10.000 pesos y en la ciudad, 50.000; que un litro de leche no cueste allá 800 y aquí, 3.000. Se necesitan vías; que no solo lleguen los DC-3. Y combatir las bandas y decomisar los insumos para la elaboración de coca. En fin, que la presencia del Estado no sea rociada. Que llueva café en el campo, no glifosato.

luioch@eltiempo.com

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