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‘Prevención y acción’

‘Prevención y acción’

Hay que echar pa’lante, sin descuidarnos, pues el covid-19 está a un metro de distancia.

19 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

“Cómo me compongo yo en el día de hoy, / cómo me compongo yo en el de mañana, / cómo me compongo yo, si vivo triste, / cómo me compongo yo, me duele el alma”. Es la canción Grito vagabundo, del inolvidable Lorenzo Buitrago, y por él un trago, que sonaba en aquellos diciembres que nunca volverán.

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Estamos ya en la alborada de la Navidad, y yo quiero pegar un grito vagabundo, como antes, cuando los hogares se vestían de rojo y verde, y el burrito sabanero, con amor de padre, se gastaba la prima en regalos, sin IVA o con IVA.

Por estos días empezaban a nacer los árboles en las ventanas, se iluminaban las calles de las ciudades, se pintaban los andenes en vaca con los vecinos, había concursos de vitrinas. El espíritu navideño era contagioso.

Hoy, contagioso es el terrible virus, pero hay ambiente decembrino, hay reactivación porque el virus ha cedido un poco. Pero a millares de personas les duele el alma, y confiemos en que se compongan en el día de hoy y en el de mañana. Hay que ponerle coraje, entereza, berraquera, como se diga en cada región.

Hay que echar pa’lante, sin descuidarnos, pues el covid-19 está a un metro de distancia. No se puede ignorar lo que ha sufrido la humanidad con esta pandemia. El informe de ayer en este diario sobre los dos años desde cuando China reportó el primer caso, un 17 de noviembre, descrito como una neumonía, es impresionante. Atortola, Tola, dijo Maruja.

En estos dos años el mundo ha vivido un desastre triste y doloroso que ha costado mucho en vidas, en economía, en empleos, en libertades. Y nos desnudó las diferencias, como dijo Eva cuando el viento le levantó la hoja a Adán. Nos mostró que hay pueblos a los que les sobra y pueden acaparar hasta las vacunas, y otros que sufren miles de necesidades. Menos del 3,5 de la población de África está vacunada. Duele el alma.

Ante esta pandemia, como con el calentamiento global, se necesita compromiso mundial, pero también nacional y de cada uno.

El covid-19, dice el informe, se ha llevado a 5’145.045 personas en el mundo. El mal tiene muchas vidas y se la pasa dando picos de muerte. Europa está en el cuarto pico, y ya vuelven los encierros. Y no es solo por falta de vacunas, en especial por aquellos que la rechazan por sus creencias, por necedad o desorientación, sino porque se ve que hay exceso de confianza y muchos bajaron la guardia. Uno ve los estadios europeos llenos; todos sin tapabocas, comiendo, gritando gol a todo pulmón, y ahí puede estar el virus en una de las cosas que más le gustan en la vida. Claro que aquí no habría mucho peligro porque no los gritamos, ya la Selección de Rueda no los hace.

Ante esta pandemia, como con el calentamiento global, se necesita compromiso mundial, pero también nacional y de cada uno. Y aprender lecciones. Porque aquí llevamos casi 20 meses en esta tremenda desgracia, en la que han perdido la vida casi 128.000 personas. Pero parece no haber miedo, tal vez confiados en que ya hay 23 millones de vacunados con el esquema completo, o por falta de conciencia y respeto por los demás, muchos van sin tapabocas o lo llevan de babero, hacen fiestas y tumultos. Y el Gobierno hace lo que puede, pero no puede.

La última medida es autorizar exigir el carné de vacunación. Importante, cuando vienen la final del fútbol, días sin IVA, compras de Navidad, pero como aquí falsificamos todo, hasta pólizas para contratar con el Estado, que no se ha vacunado contra la corrupción, ya parece que comienzan a circular carnés más falsos que la fidelidad de un gallo. Ya se han visto las primeras denuncias. Eso es falsificación de documento público; es, además, un atentado contra la vida y la salud de los demás. Así que hay que salirles al paso. ¿No es posible que haya verificación electrónica?

Se necesitan seriedad de todos y “prevención y acción” oficial, pues unos pocos no pueden amargarnos la Navidad.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

(Lea todas las columnas de Luis Noé Ochoa en EL TIEMPO, aquí)

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