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Mil gracias

Del honor de los paralímpicos debemos aprender todos. Empezando por los gobernantes.

03 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Por estos tiempos, en los que se nos quieren meter el mal que padece la humanidad por debajo del tapabocas, o de las puertas; cuando la parca sigue oprimiendo el pecho, pues se lleva seres valiosos, como el inolvidable periodista y magnífica persona Javier Ayala; cuando por este mal hay amigos en la UCI por quienes oramos; cuando hay tantos motivos para el pesimismo, también tenemos a colombianos maravillosos que nos hacen sentir que por larga que sea la noche, el sol asoma cada día. Sobre todo, nos muestran que las adversidades son superables.

Me refiero a los deportistas, en especial los paralímpicos que participan en Tokio 2020, de quienes deberíamos estar más pendientes en cada actuación. En medio de esta pandemia, en Tokio participan por estos días unos 4.400 deportistas con discapacidades, de 162 países, quienes se disputan las medallas en 22 deportes. Y ahí han estado los 69 de la delegación colombiana, orgullosos de su país, sobrados de coraje y entrega, cosechando medallas y aplausos, en la actuación más gloriosa de la historia, que supera hasta ahora la de Brasil 2016, cuando lograron 2 oros, 5 platas y 10 bronces. En Tokio, hasta cuando garrapateo esta nota, la cosecha es de 3 oros, siete platas y 13 bronces.

Berracos, como diría hasta el Papa emocionado, como José Gregorio Lemos, quien logró oro en lanzamiento de jabalina, categoría F38; como Carlos Daniel Serrano, pequeño gigante, nadador, con tres medallas, bronce, plata y oro. En 200 metros, en 50 libres y en 100 metros pecho. O Nelson Crispín, medalla de oro en 200 metros combinados. Y han estado los demás, plata, bronce o diploma, pero todos valen oro, son oro, seres extraordinarios, que hacen aguar los ojos de emoción y de admiración.

Porque son un ejemplo de superación y de pundonor, pues luchan contra todo, contra un mundo adverso y a veces hostil. Pero para ellos no hay limitaciones, mientras que nosotros nos quejamos a veces porque los zapatos no son suaves.

Grandes, también, Egan Bernal y Miguel Ángel López, el boyacense que le sacó una papita en la cuesta a mi pariente, el ‘Primo’ Roglic. Ellos se baten como leones contra los mejores ciclistas del mundo en la Vuelta a España, entre lluvia y sol, caídas, descensos escalofriantes con piso mojado. Bien también por la Selección. No ganamos en La Paz y el punto es un bronce, que suma. Ahora deben jugarse hasta el último aliento contra Paraguay y Chile. No se vayan a hacer chi chi le. Colombia necesita motivos de alegría y tenemos que ir a Catar.

Son un ejemplo de superación y de pundonor, pues luchan contra todo, contra un mundo adverso y a veces hostil.

Pensando en los atletas que nos dan buena imagen, en especial los paralímpicos, ¿qué sentirán los que andan en blindados mal habidos, al saber que son más meritorios y admirados los que triunfan en silla de ruedas? ¿Qué pensarán al ver a nuestros medallistas grandes, orgullosos, con la frente en alto, mientras ellos practican nado por debajo del agua y se llevan miles de millones en contratos que podrían beneficiar, precisamente, a la gente más necesitada?

¿No se arrepentirán los que ganan plata en la modalidad de contrato sincronizado, o en cien metros espalda de los funcionarios del Estado, o en los 50 pecho frío, al ver que mientras se llevan el erario, el Dane nos dice que la pobreza multidimensional subió en 2020 frente al 2019? 9’049.000 personas están hoy en esta condición. Pobreza multidimensional es cuando hay para el huevo, pero no para la sal, cuando fallan la educación, la vivienda y la alimentación.

Esperemos que la justicia, que no siempre es capaz, como quisiéramos, aprenda de nuestros atletas paralímpicos y recupere la plata. Del honor de los paralímpicos debemos aprender todos. Empezando por los gobernantes. Tal vez en algo mejore este país. A ellos, a los deportistas, mil gracias.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com.co

(Lea todas las columnas de Luis Noé Ochoa en EL TIEMPO, aquí)

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