Los que ponen el pecho

Los que ponen el pecho

Además del de los médicos, otro sector con quienes también hemos sido injustos es el agrario.

17 de abril 2020 , 07:51 p. m.

Ahí vamos, fumigados, oliendo más a alcohol que a loción y confinados. Con finados, porque la huesuda sigue jugando duro mientras nosotros, nerviosos, le llevamos la macabra contabilidad. Ya no se habla de cuánto quedaron Real Madrid y el Barcelona o el Bayern Múnich y el Liverpool, o Millos y Santa Fe; o Yankees y Medias Rojas, o cómo van Nairo Quintana, Egan Bernal, Rigoberto Urán y demás ‘escarabajos’, pues estamos es caribajos, haciendo cuenta de los muertos de cada día.

Ayer iban más de 145.000 en el mundo. Solo en Estados Unidos –que se supone es potencia mundial, con grandes adelantos científicos, pero donde Trump al principio se echó un sueño americano– van más de 33.000. En esta Colombia nuestra iban 153 fallecidos por el mal y 3.233 contagiados. Estamos jo..., decía una monjita amiga, sor Teo.

Estamos jo... porque el mundo está detenido y la muerte se está llevando mucha gente, inclusive por otros males. Por ejemplo, me dolió que se llevara, antier en Bogotá, a Carlos Donoso, abogado y guionista venezolano, dedicado a hacer reír a la gente como gran maestro que fue de la ventriloquía y el buen humor. Con él se van en el mismo ataúd Kini y Lalo. Kini era el miquito impertinente, tosedor, como si tuviera covid-19, que divirtió a medio mundo durante 50 años. La parca “me saca la piedra”, como decía Kini, pues Donoso fue uno de los grandes en una de las profesiones más hermosas y urgentes: la de llevar alegría, distraer, aliviar angustias. Hoy sí que necesitamos eso. Gracias, maestro.

Es el momento de unirnos, es hora de la grandeza. Así lo entiende el expresidente Santos al ofrecer su respaldo al presidente Duque.

Secada la lágrima, decía que ahí vamos con tapabocas hasta en la casa para que no nos vean la mala cara, llamando a un señor muy famoso, Domicilio Puerta, y alternándonos la salida para hacer compras, como dijo una reina: hombre con hombre, mujer con mujer, del mismo modo y en sentido contrario. Y, como el coronavirus lo cambió todo, ahora resultó que ellas son más rápidas que los hombres. Dizque se demoran 20 minutos y nosotros, 45. Hablo de hacer compras. A lo mejor, pues ellas dicen que van al grano.

Pero no armemos divisiones. Es el momento de unirnos, es hora de la grandeza. Así lo entiende el expresidente Santos al ofrecer su respaldo al presidente Duque, quien fue su crítico, y ponerse a su disposición. Los expresidentes, cuando no son ventrílocuos, Kini rajan ni prestan el hacha, son vitales para el país, pues tienen vasta experiencia en todos los temas. Bien por el nobel.

Lo que vivimos nos prueba a todos. Hay sectores relevantes, y todo reconocimiento es poco. Claro, el personal de la salud: ellos son los más expuestos en esta crisis. Como alguien dijo, a los médicos los necesitamos de por vida. Y después de que haya pasado un poco esta tragedia, el Gobierno tiene que replantear sus condiciones laborales. La salud no puede ser un negocio en el que los que menos ganan son los médicos. Eso es muy injusto.

Otro sector que cumple una tarea maravillosa, y con quienes también hemos sido injustos, es el agrario. Durante muchos años el campesino ha llevado del bulto: le dan por los huevos, le sacan la leche, le han pulseado las papas. Don Domicilio nos trae los productos de campo, pero detrás de ello hay miles de hombres y mujeres que madrugan, trabajan duras jornadas y muchas veces solo cosechan pérdidas. Gracias, campesinos, que a pesar de ser víctimas del intermediario, de la violencia, del clima o hasta de los políticos, perseveran, laboran, cultivan y nos envían de comer.

Gracias desde este encierro, donde se añora lo verde, la música de un chorrito de agua o la de la carranga del maestro Jorge Velosa: “Buenos días, campesino, buenos días”. Como a los médicos, ojalá cuando esto pase no los vayan a olvidar. ¿O será que les vuelven a echar tierra?

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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