La vacuna contra el ‘avispón’

La vacuna contra el ‘avispón’

Estamos cundidos de ‘avispones’ a los que les encantan las mieles del poder y se roban los dineros.

15 de mayo 2020 , 08:11 p. m.

Y ahí vamos, y ahí va el planeta. Casi todo mundo alcoholizado, es decir, rociado con alcohol. La gente ya solo se conoce por los ojos. Y se requiere distancia social. Bueno, distancia social ha habido siempre entre la humanidad. Pero ahora es pobre con pobre, rico con rico, del mismo modo y en sentido contrario, y todos mechudos, como cortados con la misma tijera. Hasta los calvos ya están peludos en el encierro.

Y, con excepción de los irresponsables, sin besos, ni abrazos, sin fiestas, sin fútbol, viendo partidos viejos y telenovelas repetidas. Hay cosas buenas: han bajado la violencia, la infidelidad, no hay barras bravas, se lee más y se aprende gastronomía.

Y los líderes del mundo siguen culpándose mutuamente. Donald Trump, como un viejo cachaco bogotano bravo y decepcionado con una joven novia, dice que le tocará romper relaciones con la China. Y los científicos, en una guerra por hallar la vacuna. Esa es la esperanza, Dios los ilumine.

Mientras tanto, el asesino silencioso ya mató a más de 300.000 personas en el mundo. Colombia ya pasó de los 500 seres. Y los contagios detectados van en más de 14.000. Da miedo. Por eso y por mucho más –dice la canción–, cuidarnos entre todos, cumplir los protocolos, ayudarnos, ser solidarios y generosos debe ser la norma. Y ser honestos.

Lo que pasa es que la corrupción en nuestra sociedad es un mal como el covid-19, que se infecta por el contacto, a través de los abrazos, los cocteles, por estornudos sobre los contratos.

Porque aquí viene la desgracia. En días pasados se habló de que tras de cotudos, con paperas. Que ahora había llegado a Colombia el avispón asiático asesino, capaz de matar a un ser humano. Pero los entomólogos aclaran que son avispones normales, que solo acaban con las colmenas. No hay por qué asustarse. Además, de ‘avispones’ a los que les encantan las mieles del poder y se roban los dineros públicos estamos cundidos. Cada rato salen sonrientes a casa por cárcel.

Ahora mismo, la Procuraduría General de la Nación, la Fiscalía y la Contraloría investigan millonarios contratos que, en varios departamentos, gobernadores y alcaldes firmaron durante el manejo de los recursos para enfrentar la pandemia. Pueden sumar billones. Parece que muchos ‘avispones’, en algunos casos, les ponían sobreprecios de hasta el 50 por ciento a los productos. Y mientras tanto, la gente clama por ayudas. Da pena. Bueno, tal vez no dé pena, porque quedan impunes, la justicia deja vencer los términos, pero da rabia y tristeza.

Lo que pasa es que la corrupción en nuestra sociedad es un mal como el covid-19, que se infecta por el contacto, a través de los abrazos, los cocteles, por estornudos sobre los contratos. En la política hay mucho contagio, en especial entre los que vengan con bajas defensas éticas, pues el ‘coronacorruptus’ es un virus endémico... ende mico y ende rata.

Es triste decirlo, pero con ‘corruptivirus’ en la sangre hay muchos, y no hay testeo para cogerlos de las pruebas. En un estudio hecho por Transparencia Internacional en febrero de este año en 73 países, con una muestra en 20.000 ciudadanos –entre empresarios y expertos–, Colombia ocupó el primer lugar en corrupción. Es decir, fuimos medalla de oro. No la vimos porque se la robaron, pero se calcula que aquí, los ‘avispones’ se llevan cada año unos 14 billones de pesos.

Dicen los expertos que el escenario poscovid-19 será de pobreza, desempleo y hambre. El Estado necesita, entonces, cualquier peso para salud, educación y asistencia social. Así que se requiere encontrar una vacuna contra el veneno de los ‘avispones’ criollos. Urge recuperar los valores morales. Los maestros –feliz día–, los padres, la Iglesia –iba a decir los legisladores, pero no aprobaron el estatuto anticorrupción– tienen mucho que hacer y decir. Y que haya justicia, buen ejemplo y austeridad. No gastar, por ejemplo, 3.500 millones de pesos para mejorarle la imagen al Presidente, que está haciendo bien muchas cosas, mientras la gente pide ayuda. Eso es como estrenar el jefe de la casa mientras los niños se acuestan con hambre. La peor imagen.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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