La pasarela política

La pasarela política

Fulano lleva un traje, no de corte inglés sino de Corte Suprema, que insinúa una falsa caída.

28 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Veía ayer en este diario la foto del desfile con el que cerró Colombiamoda, en Medellín. Imagen de lo bueno, lo productivo. Se hablaba de seda, tul, chifón. Qué bien por Colombiamoda. Y, a propósito, en lugar de las bellas modelos en pasarela, imaginé a muchos de nuestros políticos en desfile. Seguramente en vez de chifón se hablaría de sifón. Es que la política hoy huele a alcantarilla.

Ese desfile sería más bien ridículo. Fulano lleva un traje, no de corte inglés sino de Corte Suprema, que insinúa una falsa caída. Es un traje de una pieza, aunque él dice que es colcha de retazos. Mengano lleva una camisa ‘Farc-poliéster’ sometimiento, pegada al cuerpo de seguridad, con un falso repliegue, con remate JEP y un pantalón ancho que indica que aún hay mucha tela para cortar. Zutano lleva un vestido corrupción tropical desde los hombros hasta los pies, hecho por una famosa casa por cárcel, con ribetes y prebendas a lado y lado, rematado con un borde de impunidad.

Lo penoso es que pocos llevarían el traje blanco, con camisas transparentes sobre pecho y espalda y pantalones con bolsillos libres de sospecha. Pero, por suerte, los y las hay, y tienen que caminar firmes y con valor en la pasarela política, porque les van a ofrecer que luzcan la colección tentación. Todo porque la política ya no viste la pinta de filantropía, sino que se ha vuelto un negocio enorme, permeada por demasiados intereses y arandelas, donde la justicia tiene que entrar con su metro a hacer trajes a la medida.

Aquí hay mucha gente valiosa. Los admirables campesinos; millones de colombianos que a diario producen con esfuerzo; los industriales, la academia, los médicos, los maestros, los deportistas...

Los políticos han perdido la majestad de antes. También los magistrados. Recalquemos que el pasado 20 de julio, en el Senado, el respetable profesor Mockus tuvo que recurrir a bajarse los pantalones y mostrarles el cutis, pues a los honorables les importaba un cuero el discurso del presidente saliente. Fue una acción desesperada y hasta deslucida de quien, precisamente, nos ha mostrado el culto a las buenas costumbres y nos ha enseñado actitudes zanahorias. Menos mal no mostró la zanahoria.

Otro que simbólicamente se los va a bajar es el senador Álvaro Uribe, quien, al ser llamado a indagatoria por la Corte Suprema, dijo que renuncia, pero cuya carta, cuando escribo esta nota, parece que viene a pie desde Medellín. Hace bien al renunciar, para que se defienda, como dice él, en traje civil. ¿O estaba luciendo un traje color caña? Ojalá se aclare todo, que haya justicia transparente, a ver si algún día se acaba esta polarización espantosa, y que el Congreso pueda legislar en serio y el Gobierno, gobernar con mayor margen y la gente, armonizar.

Porque en este país todo se politizó. Todo es odio. Se puede acabar la guerra con las armas, pero queda la eterna guerra política que todo lo arruina. Aquí hay mucha gente valiosa. Los admirables campesinos; millones de colombianos que a diario producen con esfuerzo; los industriales, la academia, los médicos, los maestros, los deportistas... Estamos, por ejemplo, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, donde somos segundos en medallas de oro, pero la política, con sus medallas de lata, todo lo eclipsa. Qué pereza.

Triunfan en el Tour de Francia Gaviria, Egan Bernal –un nuevo orgullo nacional– y Nairo Quintana. Qué maravillosa etapa 17, en solitario, de para arriba, como nos toca a los colombianos. Pero la carta de Uribe le hizo sombra. Lástima que antier Nairo se cayó. Y no fue porque se le atravesó la Corte.

Lo triste para este país es que al parecer seguiremos por mucho tiempo en este espectáculo de la guerra política. Eso sí, que la justicia haga lo suyo, despolitizada, caiga quien caiga. Políticos y legisladores, es hora de la grandeza, de deponer los odios, de vestir de blanco; es decir, de sembrar paz entre los colombianos. Santos, como Nairo, ha trazado el camino. Calma, uribistas.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

Columnistas

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