La hora de la verdad

La hora de la verdad

Si lo que se espera es lograr la verdad, hay que buscarla y hay que oír a todos.

09 de octubre 2020 , 09:46 p. m.

Llegó el fútbol de la Selección, que es motivo de entusiasmo y un remanso en estos momentos de incertidumbre no solo por el covid, sino por el desempleo, la pobreza, la inseguridad nacional. La Selección Colombia es una pasión, es nuevo tema de charla que nos saca de las polémicas de siempre, en las que, entre odios y polarizaciones, nos damos por las pelotas. El deporte, en general, les hace mucho bien a los pueblos.

Ese fue el secreto de aquel negro grande, el presidente sudafricano Nelson Mandela. Me contaron que jugaba bien, como todo un ‘10’, y adelante le decían Nelson, mándela. Mandela la mandaba, y gol. Dio juego, luchó, venció hasta las cadenas, pues, acusado de comunista y terrorista, pagó 27 años de prisión, pero luego, luego, como decía Cantinflas, llegó a ser presidente de su país, donde buscó la igualdad, la justicia social, trabajó duro por la infancia y por reformar la propiedad de la tierra. Me dicen que tenía un carrito sencillo, sin espejo retrovisor. Él era un ‘10’ nato. La educación y el bienestar social fueron sus banderas. Y todo sin odiar, hasta merecer el Premio Nobel de Paz.

Anoche jugábamos, sin público y sin reventa de boletas, el primer partido de eliminatorias, con James Rodríguez ya liberado de doble Z, Zinedine Zidane, que no lo alineaba ni para salir del camerino, pero el colombiano está demostrando que es grande, un Mandela blanquito; con Falcao, con Duván y sus bam bam, todos conforman una Selección que nos dará muchas alegrías, rumbo a Catar.

Y jugábamos contra Rappi, como decía por ahí un meme, porque muchos hermanos venezolanos trabajan aquí de ‘10’, o sea, repartiendo, no balón, sino pedidos. Es un trabajo duro y digno, que ojalá les sea reconocido bien a todos, venezolanos, colombianos o sudafricanos, si los hay, en sus caballitos de acero.

Digo que la Selección es un oasis porque lo que estamos viviendo es una trifulca en el área. Hoy, por ejemplo, las intolerantes barras bravas de la redes, a las que les falta pasar por los salones de Mandela, me van a decir lo que le dicen a un árbitro que no pita un penalti, solo porque pienso que el fútbol nos sacará de hablar de Uribe, a quien seguramente la juez le dirá hoy que deje de montar en su yegua Cólera contra la justicia y que puede galopar en libertad.

Aunque la Fiscalía le sigue el proceso, ojalá, a lo Mandela, Uribe cambiara su actitud frente a la paz, en lugar de hacerla trizas, que es como botar el gol en el minuto 90, cuando necesitamos ganar el partido contra la violencia. Y de golpe se gana el Premio Nobel de Paz, así sea para vestir la misma camiseta que luce Juan Manuel Santos.

Necesitamos vestirnos todos de blanco, sin dejar de lado temas fundamentales como el magnicidio de Álvaro Gómez, tan doloroso y complejo. Las Farc, a las que les pedimos verdad, se lo atribuyeron, y muchos dicen que no es verdad. Pero cada vez hay más pistas que apuntan a ellos. Motivos sobraban. Desestabilizar el país, venganza, todas las formas de lucha, matar a los líderes y tomarse el poder. Ahora tienen el reto de precisar tiempo, modo y lugar, sin dejar dudas, o si no que paguen. Pero si lo que se espera es lograr la verdad, hay que buscarla y hay que oír a todos.

Y que las Farc cuenten todo, por doloroso que sea, sobre los demás crímenes, sobre el abuso de menores. Verdad, justicia y reparación firmaron en el acuerdo de La Habana, y eso lo ratificaron los poderes, ya con los agregados de los del ‘No’.

Es urgente recuperar este país, en muchos aspectos. Pero, como dicen los técnicos de fútbol, hay que recuperar la confianza. Y descargar los espíritus, digo yo. A ver si no siguen matando gente en un tiro de esquina. A ver si un día los James pequeños que empiezan sus vidas en esta tierra ensangrentada pueden jugar en paz.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

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