La caída de Botero

La caída de Botero

La caída del ministro se veía venir, pues desde el principio tropezaba más que la reforma tributaria

08 de noviembre 2019 , 10:26 p.m.

Hoy hace 30 años se cayó el muro de Berlín, que separaba las dos Alemanias, y fue fiesta para la humanidad. En Colombia lo celebramos con la caída del ministro de Defensa, Guillermo Botero.

Qué difícil es dirigir un país como este. El gobierno del presidente Duque está en un momento de esos en que golpea en el confesionario, y le sale el diablo. Palacio necesita que el agua bendita llueva de lo alto como riego santo, como se dirá pronto en los gozos navideños.

La caída del ministro, como se dice de los huracanes, se veía venir, pues desde el principio tropezaba más que la reforma tributaria. Él es un empresario exitoso de bonita carrera, que llegó a ser presidente de Fenalco, la respetable asociación gremial que fundó su padre.

Lo que hay aquí es la evidencia dolorosa y cruel de que continúa un drama que viola el Derecho Internacional Humanitario: el reclutamiento de menores por los grupos armados

Pero los toros se miran distinto desde la barrera. Para ser ministro de Defensa en un país como este, aparte de números, se necesita ser conocedor de las tropas, de las estrategias militares, de tácticas de guerra; de los miles de mañas de los curtidos enemigos del país, como las guerrillas, los ‘paras’ y los narcos; de las Fuerzas Militares por dentro, de los pelotones y de los avispados. Y, como hacen las y los que quieren guardar la línea, saber cerrar el pico y también abrirlo cuando toca. Y marchar bien. Saber el paso de ganso o el paso al costado. Los ministros deben ser diplomáticos, politólogos y sociólogos.

Uno de los chistes del próximo 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, va a ser recordar que uno de los mayores delitos del Vichada es el robo de ropa extendida, como dijo... Qué risa que me roben el pantalón y me dejen la camisa. El otro va a ser el oso internacional de las fotos chimbas que llevó Duque a la ONU del Eln en Venezuela. Y otros del escogido para tan altos ministerios.

El martillazo en el muro de Botero fue la revelación del senador Roy Barreras de que, en un bombardeo contra ‘Gildardo Cucho’, de las disidencias de las Farc, el 29 de agosto, murieron ocho menores de edad y que el ministro no le contó al país, tal vez porque había ropa extendida...

El reemplazo tiene que ser muy bien escogido. Pero lo que hay aquí es la evidencia dolorosa y cruel de que continúa un drama que viola el Derecho Internacional Humanitario: el reclutamiento de menores por los grupos armados. Y los primeros culpables no son nuestras Fuerzas Armadas, sino los reclutadores, que se los llevan como escudo y para explotación sexual. ¡Horror!

Obvio, que se aclare todo. Y se debe extremar la inteligencia, pues en las disidencias y los grupos ilegales hay mucho menor. Según la Unidad de Víctimas, en 2018, 77.000 niños fueron víctimas del conflicto.

Pero, a menudo, entre el Gobierno central y el país profundo hay un muro que no deja ver la pobreza, la falta de oportunidades y de presencia del Estado, pues los niños muchas veces ven más guerrilleros que soldados y maestros. Y sus padres, más coca que café. En ese ambiente, los ilegales se los llevan a las buenas o a las malas, o ellos se regalan. Lo hemos visto en testimonios después de la firma de la paz. En las mismas fotos que llevó el Presidente a la ONU hay niños con los del Eln.

Duro con los alzados en armas, pero también contra el olvido estatal, la miseria en el campo y la corrupción. Si no hay esperanzas de mejor futuro y los ilegales y la coca siguen pasando frente a los ranchos y las escuelas, las primeras víctimas seguirán siendo los santos inocentes. Y seguirán diciendo, a los 12 años o menos: “Mami, me voy porque me toca”, como la niña que murió en el bombardeo, a quien se la llevó alias el Viejo. A los niños también los recluta una vieja asesina, alias el hambre. Si seguimos así, hasta los ministros dirán “me voy porque me toca”.

luioch@eltiempo.com.co

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