Justicia con el campesino

Justicia con el campesino

El campesino ha sido víctima de todo y aún produce. Es hora de pagarle. El Estado debe ir al campo.

05 de junio 2020 , 09:25 p.m.

Hace unos años, cuando el Gobierno y los gobernadores y los alcaldes pensaban un poco más en los campesinos, el de mañana era un día distinto en el campo y en los pueblos: Día del Campesino.

Si se podía, camisa nueva, bigote despuntado, ellos y ellas se iban al pueblo. En algunos había ‘ternura’ a la llanera gratis en el parque principal. Y se gozaba con los bandoleros –los de bandola, no los bandidoleros– y con los tipleros. “Y échele chicha, misiá Poviana, eche chicha a la caja del cuerpo...”.

Y a veces había vara de premios y rifas de herramientas. No era mucho, pero los labriegos sentían que los tenían en cuenta. ‘¡Ah tiempos aquellos!’, dirán hoy los viejos encerrados, muchos venidos de nuestro bello campo.

Ahora, pocos se acuerdan del campesino en esta fecha. En el editorial de este diario del pasado 2 de junio se habla de que el 11 por ciento de los colombianos, según el Dane, están en el sector rural. Gente buena, sencilla, que labora de sol a sol para producir, así sea a pérdida, y enviar lo que a nuestra mesa llega. Muchas gracias.

Como me dijo un amigo en Boyacá, con las papas en la mano, al Gobierno le importa un cubio, y deja que nos den en las hibias. Claro, fue muy importante que Juan Manuel Santos no solo firmara la paz, sino que incluyera el tema de la Reforma Rural Integral en el acuerdo, que ha tenido desarrollos. El plan de vivienda rural fue otro gran logro. En justicia, Santos trabajó por el campo.

Claro, fue muy importante que Juan Manuel Santos no solo firmara la paz, sino que incluyera el tema de la Reforma Rural Integral en el acuerdo, que ha tenido desarrollos.

Y este gobierno implementó el programa ‘Cosecha, vende a la fija’. Pero, a la fija, es insuficiente. Como dijo el editorial, faltan buenas vías para sacar los productos. Y falta asistencia técnica, que se puede tener en las mismas escuelas rurales, donde se capacite a los bachilleres. Pero como que ya no se dan clases de agropecuaria. Qué bien que haya llegado el inglés, pero también se debe aprender cómo se hace empresa con chicken, fish, coffee, potato...

Y llevar tecnología y salud. Porque hay regiones donde muchos campesinos se van enfermos al médico y, ya sea por la distancia o los trámites, terminan atendidos por san Pedro.

Después de esta pandemia necesitamos un campo fortalecido, con créditos blandos, como dicen los líderes comiéndose una carne a la carbonara, barata en el campo y aquí tan cara; un campo ojalá ‘orgásmico’, como dijo un mayordomo, es decir, sin químicos, rentable, atractivo, donde no solo coma gallina el gallo, sino la gente pobre.

El campesino ha sido víctima de todo. Desplazado, explotado, extorsionado, puesto como escudo. Y aún produce. Es hora de pagarle. El Estado debe ir al campo para que el campesino no se venga a la ciudad, ese es el lema. Solo así habrá paz. Hagan una encuesta de quiénes son la mayoría de vendedores ambulantes; quiénes están en el sector informal, tan mal, y en las zonas más deprimidas de las ciudades.

¿Se imaginan en un futuro cercano, cuando el mundo necesitará comida sana, una Colombia con un sector agropecuario pujante? Pero no porque el campesino puje para sobrevivir, sino equitativo, donde el agro ingreso seguro no sea para unos pocos.

Se requieren insumos a precios justos. Y evitar la intermediación. Los intermediarios no pueden imponer los precios. Es una humillación y una injusticia que el que más duro trabaja sea el que no gana, porque cuando el producto llega al consumidor final ya ha pasado por cinco manos. Se tienen que construir centros de acopio para muchos productos, como se hace con el café. El futuro del país está en el campo.

“Buenos días, campesino, buenos días / dondequiera que te encuentres, aquí va / mi saludo y mi deseo por que la vida / te conceda todo lo que tú me das”. Es un himno del maestro Jorge Velosa y debe sonar mañana en todas las veredas del país. Dios les pague.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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