Juego limpio, señores

Juego limpio, señores

Propongo que, al menos durante esta copa, todos nos pongamos la camiseta de la no violencia.

14 de junio 2019 , 07:20 p.m.

A partir de anoche y hasta el próximo 7 de julio, todo cambia para millones de personas. Se inauguró en Brasil, con transmisión de televisión a 178 países, la Copa América. Como se dice sobre quienes andan pegados a un mal líder político: “Todo el mundo alrededor de una pelota”.

La mirada estará puesta en las canchas de seis estadios del país más grande de América, con problemas políticos y económicos, pero agarrados de su Cristo Redentor, a ver si se les da el milagro, sin Neymar. Como en el fútbol, la política y otras actividades de la vida, esto da para pensar en que no es bueno depender de una sola persona. Por algo se habla de juego en equipo.

Por ejemplo, las miradas de Argentina están sobre Messi, y los comentaristas hablan de si está bien o no, cómo se levantó, cómo camina... Es el mejor del mundo, un genio, el más pequeño y, a la vez, el más grande, pero juegan diez más, buenos todos. Y así es en Brasil. No está Neymar, pero el pentacampeón del mundo es un equipazo, tocador, juega de local, de buen pie, como dicen ahora, pero yo creo que es de buena cabeza.

Queda uno como derrotado con las cifras que dio la directora de Medicina Legal, Claudia Adriana García, sobre violencia. En los primeros cuatro meses de este año murieron por homicidio 3.637 personas.

Estamos, pues, en ‘una de las cosas que más me gustan en la vida’. El fútbol le hace bien a la humanidad, cambia por unos días el estado de ánimo y puede significar vidas y paz. En tiempos de fútbol como estos, es posible que baje la violencia y también se alivien penas, la amargura del desempleo o de una enfermedad, porque este es un calmante. Pensando en ello, ojalá le vaya bien a Venezuela. El bravo pueblo necesita motivos de ánimo mientras el dictador Maduro deja la cancha.

Este deporte universal cambia el mismo lenguaje. Se repetirán las frases que hacen carrera, como esa que le hace pensar a uno más bien en un octogenario recién casado: “Mucho toque toque, y de aquello nada”; ‘pelota parada, pelota peinada’. ¿Una pelota peinada? Son frases de cajón. A propósito, ‘descanse en paz’ es una frase de cajón.

En Colombia estaremos con la camiseta puesta; nuestra Selección –qué pena con Messi y el escritor y periodista Jorge Barraza, a quien siento colombiano– arrancará hoy con pie derecho contra Argentina. Y habrá fútbol por todos lados, hasta en la cama. Pero, en medio de tanta pasión, no solo es hacer cabecitas; no podemos distraernos de las prioridades. Hay muchas. Corrupción, violencia, inseguridad, desempleo; muy regularcito de salud, como decía mi abuela, entre otros.

Y están los que siempre juegan sucio. Estaba yo levantando los brazos, ¡viva Colombia!, porque se hundió la iniciativa de que los congresistas manejaran, como taquilla propia, el 20 % del presupuesto nacional. Pero veo que, como los congresistas tienen olfato goleador, volverán a presentar el proyecto en la otra legislatura. Y van a armar equipo. A lo mejor contratan como director técnico a Mermelindo Engolosinao. Porque esto sería pura ‘mermeladiña’. Jogo pulpito. ¿Por eso diría Petro que el azúcar es un vicio? Ojalá nunca nos metan ese gol.

Y queda uno como derrotado cinco a cero con las cifras que dio la directora de Medicina Legal, Claudia Adriana García, sobre violencia. En los primeros cuatro meses de este año murieron por homicidio 3.637 personas. Entre ellas, 293 mujeres porque la violencia en el hogar es brutal.

¿Qué nos pasa como sociedad? Seguramente, unos intolerantes matan porque ellas se cruzan a la hora del gol, o porque les echan mucha sal a las crispetas. Y no hablo de la violencia contra los niños, que también es para llorar.

Propongo que, al menos durante esta copa, todos nos pongamos la camiseta de la tolerancia, de la no violencia. Y que disfrutemos, que celebremos en paz. La derrotada será la muerte; sí, sí, Colombia. Aquí sí que cae bien decir: juego limpio, señores.

Suerte, profe Queiroz; suerte, Colombia.

luioch@eltiempo.com

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