Estuve comprando coca

Estuve comprando coca

No podemos negar el mal, pero este es un país de gente trabajadora y creativa. Basta ir a Corferias.

13 de diciembre 2019 , 08:04 p.m.

Lo primero que muchos recuerdan hoy de la coca es el jueguito aquel, que como que viene desde Adán, de incrustar un palito en un huequito, después de una vueltica. Se jugaba mucho en el campo cuando no había televisión. También es llamado emboque, balero o capirucho, que a todos les gustaba mucho, a doña María y a don Chucho.

Después vino el polvo. El mal polvo. O sea, el proceso de la planta de coca para convertirla en la coca de darse en el coco, en cocaína, alcaloide, estupefaciente, o emputefaciente, que fue la desgracia para nuestro país. Todo lo ha corrompido y ha dañado familias, conciencias, sociedad, la política y la misma imagen del país.

Acabamos de recordar ese nefasto 6 de diciembre de 1989, cuando el capo más brutal, Pablo Escobar, lanzó un bus bomba contra el DAS, en Bogotá, mató a 63 personas y dejó heridas a más de 600. Ese mismo criminal, el 27 de noviembre hizo 30 años, voló un avión de Avianca en pleno vuelo, con 107 personas inocentes a bordo.

La cocaína nos estigmatiza y avergüenza. No vale tener uno de los cafés más ricos del mundo ni producir al año más de 14 millones de sacos, porque dicen que el narcotráfico dobla en ganancias al aromático producto.

Hay que ir a Expoartesanías para sentirse orgulloso de nuestra nación y de nuestra gente. Allí está la verdadera Colombia con sus productos hechos a mano, con paciencia y arte

Estos días, el presentador de Miss Universo, Steve Harvey, dijo que “la gente del cartel” seguía molesta por haberse equivocado en el 2015. Chiste maluco. Como si allá no la consumieran.

Y la cadena de almacenes Walmart, de Canadá, montó una promoción de un suéter de Papá Noel con esta leyenda: ‘Sabemos cómo es la nieve; es blanca, en polvo, y la mejor nieve viene de Suramérica’. Y agregó: ‘A Santa le gusta disfrutar el momento cuando tiene un poco de nieve de calidad de Colombia’. Jo, jo, jo, pues la tuvo que retirar. Y Colombia dice que demandará. Y a lo mejor, también Santa Claus. Jo, jo, jo.

Colombia no es coca. No podemos negar el mal, que combatimos con muertes y grandes costos, pero este es un país de gente trabajadora y creativa en su inmensa mayoría. Basta ir a Expoartesanías, en Corferias de Bogotá, para sentirse orgulloso de nuestra nación y de nuestra gente.

Allí está la verdadera Colombia con sus productos hechos a mano, con paciencia y arte durante largas jornadas. Allí están, venidos de muy lejos, a veces en lanchas, los artesanos del Chocó y los de Sucre; allí están los sombreros vueltiaos y de toda clase; los tejidos de Guainía, de Putumayo, las mochilas de Riohacha; los artesanos de Nariño, de Boyacá, de Cundinamarca, del Tolima, de Santander; los indígenas. Está el país todo.

Allí, 873 artesanos, que representan a los más de 500 que hay en Colombia, exponen con esperanza y orgullo tejidos, cerámicas, tallas en madera, marroquinería, hamacas más grandes que el cerro ’e Maco, como cantó el genial Adolfo Pacheco. Hay en grande, y “miniaturas del bosque soberano”.

“Ay, qué orgulloso me siento de haber nacido en mi patria”, le provoca cantar a uno. Creo que el reconocimiento a tanto esfuerzo, tesón y capacitación debería ser ir a comprarles a nuestros artesanos. No hay cacerolas, que están tan de moda, pero sí millones de piezas maravillosas hechas con saberes ancestrales.

Creo que es un acto de fe en el país, un gesto de orgullo nacional y de admiración comprar allí muchos regalos navideños, a ver si ellos regresan a sus entornos más felices que Papá Noel. Y un respaldo a quienes realmente hacen patria y le apuestan a la economía legal.

Yo fui, y repito hoy. Y, entre otras cositas, compré mi coca, la de madera, claro, que me tiene volando haciendo 21. Y vi mucho extranjero, no comprando solo coca, sino otras artesanías. ¿Cómo no ir nosotros? Jo, jo, jo.

luioch@eltiempo.com

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