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Encomendados a la madre Duque

Encomendados a la madre Duque

Así parece que es en el país del casi, del faltaron cinco para el peso y de la celebración frustrada

15 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

El fútbol es deporte, pero es un sentimiento, una pasión y un oasis para los pueblos. Supongo que es el deporte más practicado, aparte del chisme. Hay unos 24 millones de equipos en el mundo. La Selección de un país es sentido de pertenencia, orgullo patrio, bandera, camiseta, alegría y tristeza. Y es de lo poco que aún nos convoca y nos une. El premio nobel de literatura Albert Camus, quien escribió una página gloriosa en este deporte, pues fue arquero, dijo que “La patria es la selección de fútbol”.

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Mejor dicho, la Selección es el país y sus triunfos y derrotas son de todos, nos alegran o nos aplastan. Cuando pierde nos produce una mezcla de rabia y tristeza y el país sufre en su estado anímico. Bueno, aquí es anémico. Y el ánimo es un motor nacional. Un país alegre trabaja, gasta, festeja, produce más. Y es que la Selección interpreta al país en varios escenarios de la vida política y social.

En los tres partidos anteriores, dos de local, sumamos de a puntico, porque este es también el país del diminutivo. Ecuador casi nos da por el cuy en Barranquilla y para más sal en la herida, como dijeron: “todos jugaron para Colombia, menos Colombia”. Sin embargo, así parece que es en el país del casi, del faltaron cinco para el peso y de la celebración frustrada, donde se suspende hasta una eutanasia porque el VAR de la IPS vio “muerta” de la risa a la paciente, pues estaba contenta porque dejaría de sufrir y se liberaría de una muerte anunciada lenta, tremenda, llena de dolores insoportables. Pero se rio. Entonces dijeron que les da una pena máxima, pero que el cielo puede esperar.

También somos un país de la disculpa: si hay violencia, es por el covid; si hay desigualdad, es por el clima. O que el árbitro, el arquero; era gol de Mina, ellos hicieron tiempo, nos robaron un penalti. Bueno, en Colombia sí nos roban todo los días, pero no penaltis, sino los recursos, celulares, bicicletas, vidas.

Sería una maravilla que así fuera para los problemas nacionales, todos por la paz, todos para exigirle más al director técnico Iván Duque, que alinee a los que son.

Sí, el fútbol es el país. Después de estos partidos se hablaba del técnico Reinado Rueda, a quien el equipo no le rueda. Que la alineación, que los cambios. Los jugadores son como los ministros, a los que el técnico debe saberlos escoger y ponerlos donde funcionen mejor en el equipo de gobierno. Los comentaristas no se explicaban, por ejemplo, cómo Juan Guillermo Cuadrado jugó como lateral derecho. Es como poner a la señora Abudinen a tapar. ¡Qué goleada!

Decían también que Colombia está jugando demasiado cargada a la derecha y que no está dando resultados, que se ha perdido la magia. ¿Hubo magia en la derecha? Y que la izquierda se nota inactiva. Además, que el centro se ve enredado. Claro que no me gustó un comentario de alguien que dijo que Colombia perdió las pelotas. Si algo tenemos ante la adversidad es los balones bien puestos.

Falta un año. Y no me refiero al 7 de agosto, sino al 21 de noviembre en Catar. Y es una bella lección ver cómo todos somos técnicos, cómo aportamos, cómo nos emocionamos y sufrimos con la misma camiseta. Sería una maravilla que así fuera para los problemas nacionales, todos por la paz, todos para exigirle más al director técnico Iván Duque, que alinee a los que son, que les exija resultados, y no tan cargado a la derecha.

Y que no se sigan regalando los primeros tiempos. Me refiero a la Selección. Reinaldo y los muchachos saben lo importante de darle alegría a este pueblo que sufre, donde hay tanta violencia y hambre; donde el 51 % de la fuerza laboral gana el mínimo o menos, y más de 6 millones ganan la mitad del mínimo. ¡Antes hay alientos de gritar gol! Querida Selección, se le tiene fe más que a los políticos, claro. Cada partido es una esperanza. Juéguensela, arriesguen. Los vamos a encomendar a Duque, pero a la beata María Berenice Duque, que hace milagros.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

(Lea todas las columnas de Luis Noé Ochoa en EL TIEMPO, aquí)

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