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En tierra caliente

En tierra caliente

La Tierra podría ser otro Marte y vendrán de algún planeta a averiguar si alguna vez hubo vida aquí.

05 de noviembre 2021 , 08:00 p. m.

Una escena que me ha impactado es la de un hombre con una motosierra derribando un árbol enorme. La ejecución era observada por una niña de unos 5 años que el motosierrista había sentado en un tronco, es decir, en una lápida de la naturaleza.

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Yo llegué tarde y no pude ser tabla de salvación para esa nueva víctima, que caía cuan largo era, pero pensaba en el futuro de la niña cuando todo sea troncos, potreros y aridez. Y así ocurre cada segundo, en muchas partes del mundo, con millones de árboles que viven en los campos, pero de concentración.

He recordado esa escena ante la nueva cumbre de Glasgow (Escocia), otra más, y Dios quiera esta vez los líderes del mundo sí pongan los pies sobre la tierra. Por ahora ha servido para que todos sepamos dónde queda y cómo es Glasgow, cerca de un río precioso, que lo deben de estar contaminando los 40.000 asistentes que estos días allí lo pasan 'cumbre'.

Allí están, desde el 31 de octubre hasta el 12 de noviembre, los dirigentes de 190 países, levantando la COP26 con hielo derretido –y no con falda escocesa porque se les ven las piernas blancas que delatan que no salen al campo–, a ver si se logra que el aumento de la temperatura no sea mayor de 1,5 °C al terminar el siglo, porque si llegamos a 2,7, como se teme, la Tierra podría ser otro Marte y vendrán de algún planeta a averiguar si alguna vez hubo vida aquí.

La Tierra se calienta. Pero ¿cuál es el fenómeno? Yo se lo quiero explicar a cualquier motosierrista en palabras de uno de los ecologistas más respetados a nivel mundial, Andrés Hurtado García, quien sí debería estar en Glasgow hablándole al mundo, pues él es autoridad y quiere y defiende la naturaleza, la conoce, la camina, la descubre, la retrata y sube a sus picos más altos.

Fueron asesinados 65 líderes ambientales, de los 227 en todo el mundo. No vi si el presidente Duque les rindió un homenaje en la cumbre.

Él me dijo, y espero no talar sus palabras: "Todas las máquinas industriales y los vehículos que utilizan gasolina y hombres y animales al respirar producimos gases que se acumulan en la atmósfera y forman una capa sobre la tierra. Los rayos solares penetran y allí se quedan porque la capa, producida por los gases, no los deja salir y entonces la Tierra se recalienta. A esto lo llamamos el calentamiento global, que está elevando la temperatura del planeta y produciendo toda clase de desastres, como que la nieve y los polos se derriten y, por lo tanto, el mar sube de nivel y comienza a inundar las ciudades. Muchos animales y plantas mueren por el calentamiento... Los árboles son una bendición porque absorben esos gases dañinos, y una parte la convierten en su alimento y otra la sueltan en el aire en forma de oxígeno puro para respirar".

Claro como el agua. Es que somos cochinos con la Tierra. Vivimos echando gases. En las reuniones de las potencias, los líderes se dirán: 'Gas, te tiraste un C02'. A nosotros nos dirán: 'Fuchi, comites carbón'. Otros dirán: 'Fo, huele a petróleo'. Y así, con el uso masivo de combustibles fósiles "alteramos el equilibrio natural".

Se dice que esta cumbre es la última oportunidad para salvar el planeta. Por ahora, 100 naciones se comprometieron a reducir sus emisiones en un 30 % de aquí a 2030. Y se anunció un fondo de 12.000 millones de dólares para protección y restauración de bosques.

Dios quiera que sea verdad tanta belleza. Lo único es reforestar, no contaminar e impedir que se destruyan los bosques. Sin embargo, por aquí, por ejemplo, en 2020 se talaron 170.000 hectáreas –pobre Amazonia– y fueron asesinados 65 líderes ambientales, de los 227 en todo el mundo. No vi si el presidente Duque les rindió un homenaje en la cumbre. De Glasgow también debe salir una cátedra universal de medioambiente, que comience desde kínder. Sobre todo, enseñar a amar y respetar la naturaleza. Y no permitir que a los que defienden la Tierra les echen tierra.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

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