El Día del teletrabajo

El Día del teletrabajo

Con más de dos dígitos de desempleo, ya se rajaba el Gobierno. Ahora el panorama es más gris.

02 de mayo 2020 , 11:09 a. m.

Este viernes era el Día del Trabajo. Y hasta me costó trabajo iniciar la columna, aunque había motivos de inspiración. Al prender el computador apareció la imagen de dos loros azules en un gajo, casi a punto de darse un pico, rúa. Ella parecía decirle ‘quiero cacao’. Detrás, un follaje verde. Imaginaba yo que después de las ramas habría un campo abierto, tachonado de árboles, un aljibe sonoro y algún caballo retozando. Todo, mientras uno está en el encierro, pidiendo cacao y con pico y flaca.

Entonces entra la nostalgia. Porque antes, en este fin de semana de puente largo, Melgar, el Miami de muchos, habría estado lleno; unos en Barú, otros varados, pero cada quien sabe gozar según su bolsillo. Las fincas estarían muy visitadas y con los pobres pollos con la piel de gallina. Las entradas y salidas de las ciudades, trancadas, con los mayores de 70 como copilotos, que son frenos de mano, es decir, salvavidas: ‘Más despacio, mijo’. O ‘cuidado se le atraviesa el burro’, como le dicen a Trump. Un abrazo a los más viejos que uno, en esta difícil cuarentena. Sé de uno que no ha vuelto a reír, pues perdió su caja… de compensación. Calma.

Perdón si molesto al tocarles la fibra del paseo y la diversión, cuando estamos encerrados, pero esto nos tocó, y por encima de todo está cuidarnos, cuidar a los nuestros y ganarle esta guerra al enemigo invisible. Hay que prevenir y poner buen tono, que pronto disfrutaremos todo lo que hoy añoramos.

Este viernes hubiese habido desfiles en las de las principales ciudades. Miles de trabajadores hubiesen salido con pancartas: ‘Dónde estás que no te veo, el pueblo no tiene empleo’.


Sin el covid-19, este viernes hubiese habido desfiles en la plaza de Bolívar de Bogotá y en las de las principales ciudades. Miles de trabajadores, con empleo o sin él, hubiesen salido con pancartas: ‘Dónde estás que no te veo, el pueblo no tiene empleo’, y con las de las centrales obreras como la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), que hoy podría ser Confederación de Trabajadores Confinados; la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que podría ser Central Unitaria del Teletrabajo.

Tal vez, como no faltan los vándalos colados, esta vez se salvaron algunas estaciones de TransMilenio, porque así somos, epa Polombia. Y los agentes del Esmad, a los que algunos odian, hoy están repartiendo mercados, porque ‘Colombia cuida a Colombia’.

El de ayer fue un primero de mayo distinto, en muchos años. Pero no quiere decir que sea menos significativo. Hay motivos de preocupación por la desocupación. El covid-19 ha agravado el panorama, que ya venía gris. Con más de dos dígitos, ya se rajaba el Gobierno en una economía que creció en 2019 al 3,3 por ciento, así me digan que soy un producto interno bruto. En marzo, 1,6 millones de personas quedaron sin empleo.

Con este toque de queda por el covid vendrán crisis. Los que saben de numeritos creen que llegaremos a un desempleo de 20 por ciento, que más de 7 millones de puestos están en riesgo. Esa es la otra tragedia. El desempleo es hambre, enfermedades, inseguridad. Las banderas rojas ya significan que hay casas en las que hasta la nevera bosteza.

Aquí se necesita que la pirinola caiga en ‘todos ponen’. Me emocioné y aplaudo a un empresario humano y ejemplar que dijo “estoy jugándome por no despedir a ninguno de mis 250 trabajadores”. Bravo. Esto tiene que ser una familia, entre empleadores y trabajadores. No hay de otra. Hay que evitar que se cierren empresas, y el Gobierno tiene las herramientas. Con protocolos de seguridad, toca producir, hay que reactivar las grandes obras públicas a todo vapor y la construcción, lo mismo el campo, pues lo que se va a necesitar en el futuro es comida. Ahí está la clave. Plata habrá si se persigue a los corruptos, si se vigilan los contratos.

Por ahora, los de la CCC (Central de Creyentes en Cristo) nos encomendamos a la cruz de mayo, que pondremos mañana. Porque esto también es asunto de fe.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

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