Desde la ventana

Desde la ventana

En medio de los dramas por la pandemia algunos políticos empiezan los ataques y la polarización.

10 de julio 2020 , 09:40 p.m.

‘Desde la ventana’, pensaba que era el título para un poema. O para un libro, o para una columna como esta sobre qué país se ve desde ahí. No sé ustedes, queridos lectores, pero el que yo veo es un país triste, que conmueve. No han valido el trabajo, la lectura, la música, digamos la de Beethoven, para escribir, o mirar a lo lejos, aunque mi esposa cree que estoy pensando en mi Mozart y le dan violoncelos.

No han valido tampoco pasillos instrumentales, torbellinos, bambucos, guabinas, carranguera y conciertos, porque lo que hay es desconcierto y muchos muertos día tras día. No solo por el covid-19, que ya llevaba ayer 4.714 fallecidos en este país. Solo el jueves murieron 187. Son todos los otros, los de siempre en forma violenta, o hasta por el hambre.

Desde la ventana vimos esta semana esa terrible tragedia del corregimiento de Tasajera, en el municipio de Puebloviejo, Magdalena, cuya penosa situación de desempleo, atraso, falta de servicios públicos y de vivienda digna era cuento viejo.

Hoy el país llora la muerte de 26 personas que, en medio de su pobreza y su abandono, corrieron a coger la gasolina de ese camión cisterna que el diablo había volcado. Y hay casi 40 heridos más, unos diez en condiciones críticas. Fue una evidente imprudencia. Y fue un error fatal tratar de quitar la batería, que, dicen, desató la chispa. Pero es que el hambre a veces le gana a la mesura.

Desde la ventana vimos esta semana la tragedia en Tasajera, en donde el hambre le ganó a la mesura. Hoy hay duelo y dolor infinito.

Hay duelo y dolor infinito. En Tasajera, ahí al borde la Ciénaga Grande y del mar, entre la opulencia y la miseria, hoy la tristeza corta la voz, algunas familias lloran a varios muertos y todos lamentan a todos: padres, hijos, hermanos, parientes, vecinos, amores.

Les ayudarán con los gastos fúnebres. Pero tal vez no pase mucho más. Todo se queda en que se había advertido. Aquí se sabía: el escritor y columnista de este diario Fernando Quiroz pasó por allí ‘Sin pausa, pero sin prisa’, y el 19 de agosto del año pasado escribió aquí: “Tristemente, también aparecen pronto –al cruzar el corregimiento de Tasajera, pueblo de pescadores– la desidia de las autoridades y el engaño de los políticos, que han prometido un bienestar que jamás ha llegado a la región. El espectáculo es deprimente: casas de cartón y de maderas torcidas, en las que se vive en hacinamiento y sin agua potable, decoradas con números de tarjetón y caras de políticos más grandes que las mismas ventanas...”.

O sea que por allí pasaron los políticos, diciendo: ‘No soy dipno ni apto, pero les pondré su acuedupto’. Y con sobrada energía, prometieron luz. O ‘la lu’, como se dice por allí. Y les dijeron que les iban a pavimentar las vías hacia el futuro. Y se fueron confiados en “los votos de la Costa”.

Así que la chispa que desató el fuego no es de ahora. Pero saca la chispa, indigna, que en medio de estos dramas, de una pandemia que mata y pide recursos y solidaridad, en vez de llevar ayudas, de proponer soluciones, los políticos, muchos de ellos con carpetas en la justicia, arrancan la campaña para reemplazar a Duque. Y empiezan los ataques y la polarización. Y en esto, en polarizar, son iguales Álvaro Uribe y Gustavo Petro. Mientras Colombia está de luto, Petro convoca a la desobediencia civil, a no pagar impuestos ni servicios.

¿No serán capaces de tener grandeza, de dejar la pugnacidad y, en cambio, buscar soluciones conjuntas para la pobreza, comprometerse unidos a aliviar todas la Tasajeras que hay en el país? Digamos, en el olvidado Chocó, que está a una letra del Chicó, a cuyo hospital de Quibdó, siempre en ruinas, le envían camas de segunda. Y ya las UCI están ocupadas; pilas, presidente Duque.

Pero los políticos también están muy ocupados en polarizar. Cuidado. Cambien, pues si no, un día los electores vamos a salir a votar con tapabocas.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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