‘Corruptus interruptus’

‘Corruptus interruptus’

La consulta ya tiene sus primeros efectos. No pasamos el umbral, pero tampoco pasamos inadvertidos.

01 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Hoy quería decir una de las frases más usadas por las esposas, “cambiemos de tema”, pero hay que volver sobre la consulta del domingo pasado, que era indispensable. Imagino que eso ya lo acepta hasta Uribe, inclusive viendo a ‘Timochenko’ en los salones del Palacio de Nariño. El costo, 300.000 millones de pesos, que algunos critican, resulta un dulce comparado con lo que se roban los pícaros: 50 billones al año.

Hay leyes, como lo han explicado grandes juristas, pero con el voto exigimos que se endurezcan y se apliquen, que todos se comprometan. Este también fue un grito nacional de repudio.

La consulta ya tiene sus primeros efectos. No pasamos el umbral, pero tampoco pasamos inadvertidos. Era imposible que más de once millones y medio de votos no despertaran al país y las fuerzas políticas y de control. Por eso se dio la cumbre en el Palacio de Nariño, citada por el Presidente para impulsar un acuerdo y tramitar una reforma legislativa. Bien.

En los sueldos de los congresistas se avanza, y es posible que por un tiempo queden congelados, como deberían quedar los corruptos. Bien. Y ya se habla de 20 años de cárcel efectiva, no en mansión, para los funcionarios que roben, y de quitarles los bienes producto de sus maldades.

Se necesita que el Congreso le cumpla al país, que no se vayan por las ramas, como ciertos micos, una especie de macacos que se mueven allí, donde, liderados por mico-rrupto, juegan con mico-misión, mico-ntrato y mico-ima. Y mi compadre, el pagaimpuestos, pone el platanito.

Para este país de los carteles era vital la consulta. A salto de mico, recordemos el ‘cartel del bastón’. En Córdoba, unos pillos se robaban hasta el turno para un examen de próstata a los viejitos.

El corrupto es un criminal, porque les quita el pan de la boca a los niños, los medicamentos a los ancianos, la salud a las clases más necesitadas; encarece las obras. La corrupción mata.

O el ‘cartel de la hemofilia’, también en Córdoba, donde, según la Contraloría, unos bandidos de sangre fría y alma negra inventaban pacientes. O el ‘cartel de la toga’, donde resultaron implicados los magistrados de las altas cortes de cuentas; o el ‘cartel del sida’ (también en Córdoba). Tuvimos el de los pañales, el de la chatarra y, claro, el de la contratación, cion, que siempre rima con corrupción, cion.

Y se acaba de descubrir otro, millonario, en Ciénaga, Magdalena –según la Fiscalía–, con el Programa de Alimentación Escolar (PAE, o pa’ estafá), donde al alcalde le están llevando lonchera a la cárcel. La justicia dirá.

Y ahora, en el Invima, un grupito que hoy tiene acidez falsificaba los registros sanitarios de medicamentos y otros productos. Había artículos con registros chimbos que ayudaban a perder peso por unos pesos. O a lo mejor querían hacer adelgazar al Estado.

Y se acaba de dar a conocer que el sistema de salud cubre 16.703 personas mayores de 100 años, pero solo la cuarta parte ha recibido atención. A los demás, tal vez les quitaron el bastón, o tienen más de 120 años y no han podido ir jamás a los servicios médicos. ¿O tenemos 12.000 fantasmas de más de cien años?

La corrupción y el narcotráfico son los más grandes problemas de este país. Donde menos se espera salta un corrupto. Que luego de esta consulta haya surgido un frente unido es una esperanza. El corrupto es un criminal, porque les quita el pan de la boca a los niños, los medicamentos a los ancianos, la salud a las clases más necesitadas; encarece las obras, corrompe la justicia, daña la sociedad, etc. La corrupción mata.

El presidente Duque ha comenzado bien. Debe jugársela en esta lucha. Este frente, sin celos ni colores, no puede fallarle a Colombia. Que se legisle en serio, que haya expropiación; no contratar de por vida, y cárcel efectiva; que los contratos del Estado se hagan en casa de vidrio. Es ahora o nunca, no podemos perder estos momentos de efervescencia y calor, como me decía una amiga. Corruptus interruptus.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

Columnistas

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