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Con el mundo en la mano

Con el mundo en la mano

La tecnología es maravillosa, pero que no nos cambie como seres humanos.

08 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

Soy un ignorante digital. Esta semana, durante 7 horas se cayeron las redes Facebook, Instagram y WhatsApp. Fue como un temblor de tierra mundial y yo no me di cuenta, pues la única red que he usado es una de pescar y eso que me fui de cabeza al charco. Hubo pánico, nervios, elucubraciones, no por mi caída, sino por la de las redes: que eran hackers, que la Guerra Fría, que porque habría decisión sobre el juicio a Uribe.(Lea además: Y ahí vamos, ‘yeah’)

Yo, aún en la era del teléfono de disco, no sentí la caída, pero el asunto es grave en el mundo de hoy. Hubo enormes pérdidas: el gringo Mark Zuckerberg, uno de esos seres nacidos bajo el signo pesos, y uno de los creadores y fundadores de Facebook, perdió 7.000 millones de dólares, mal contados. Pero no cayó al estrato medio, pues le quedan aún 117.000 millones de capital. Y uno que alega por 200 pesos de vueltas. La economía mundial, según Netblocks, perdió 1.000 millones de dólares. Y al mundo le quedaron en rojo las bolsas, como las de Zuckerberg.

Hoy el mundo es virtual, de redes, todo a un clic. Parece ya de hace siglos la era del telégrafo, de la “llamada a larga distancia” en la cabina de Telecom, el telegrama, el fax. Aun la máquina de escribir suena antigua, cuando son recientes sus inolvidables sinfonías en las salas de redacción.

No hace mucho, en 1994, llegaron los primeros celulares. Eran grandes y con antena. Recuerdo un día que dos queridas señoras hablaban, sin notar mi presencia. Una de ellas dijo que le tenía ganas a uno de los negritos. La otra decía que le gustaba el del celador, que se lo había visto vibrar por encima del pantalón.

Hoy vibran, suenan y tienen todo: son despertadores, linterna, TV, máquina de escribir, de juegos y, claro, de comunicarse con el mundo en un segundo; son enciclopedia, pues tienen las llamadas plataformas. Todo ha cambiado, hasta el lenguaje. “Dame tu face”. “Si quieres, nos watsapiamos”, me dijo una muchacha un día. Me sonó bonito, pero no entendí. Y están la tablet, y claro, el computador personal.

Se han perdido el diálogo, el verse a los ojos, la sonrisa, porque ahora las expresiones, tristeza, alegría, aprobación... son un emoticón.

Todo ahí en las yemas de los dedos. Se hacen transacciones, negocios, reuniones, se estudia, se consiguen citas médicas, se pelea, se conquista. O, tristemente, se cometen delitos. Las redes en esta pandemia han sido vitales. La tecnología es casi una magia. Aunque también se ha perdido mucho. Ya no se buscan tareas en las enciclopedias, por ejemplo, con olor a libro. Copie, pegue y entregue.

Inclusive se ha perdido la interacción personal. Hay hogares mudos, pues las familias ya se ven poco en la misma casa y casi no se hablan. Los hijos se comunican de cuarto a cuarto por WhatsApp. Y cuando se ven la face en el comedor, pulgarcito, el dedo más famoso del mundo, no deja de funcionar. Este espacio debería ser sitio vedado para el celu.

Se han perdido el diálogo, el verse a los ojos, la sonrisa, porque ahora las expresiones, tristeza, alegría, aprobación... son un emoticón. Todo está en la web.

La tecnología es maravillosa. Ya casi se chatea con Dios. Vi un domingo a un padre leyendo el sermón en tablet. Es, por ejemplo, herramienta clave en el periodismo. Pero debe usarse bien. Puede servir para ‘watsapiar’ a los ladrones, para identificarlos, para poner alerta a la policía. Para ser solidarios. Por ejemplo, para que el hampa no nos quite la vida por un celular, o una bicicleta, como pasó esta semana, cuando mataron en Bogotá a Diego Alejandro Cardozo, de 25 años. Qué pena, qué impotencia.

Y que no nos cambie como seres humanos, que los sentimientos no sean virtuales, que no nos dañe el romanticismo, la poesía, la intimidad. Y cuidado, en manos de los niños y de los políticos suele ser una granada. ¿Cómo será el mundo dentro de 20 años? ¿Aló, Marte?

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

(Lea todas las columnas de Luis Noé Ochoa en EL TIEMPO, aquí)

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