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Los jóvenes se están muriendo

Los jóvenes se están muriendo

Están manifestando con menos miedo al covid que al futuro incierto. Pero se están enfermando.

11 de junio 2021 , 09:25 p. m.

Como cantó Pablo Neruda, “puedo escribir los versos más tristes esta noche”. Neruda fue el poeta que se le adelantó al rey de España Juan Carlos de Borbón, quien le dijo una vez a Hugo Chávez: “Me gustas cuando callas”. ¿O por qué no te callas? Hablo de tristeza, pues como decía mi viejo, que en el cielo está, cuando le hacíamos pilatunas y luego ‘juguetunas’: “Hoy no estoy pa’ chistes”.

El agobio es porque el covid-19 sigue llevándose seres valiosos, queridos, amigos cercanos cuyos recuerdos están aquí, estarán para siempre y nos servirán de aliento, como la inolvidable miss Nancy de Villar, a quien un par de generaciones del colegio San Carlos le tomaron cariño y le guardan gratitud por su enseñanza y por la persona que fue.

El mal está imparable en Colombia. Mueren 540 personas al día y pronto llegaremos, por desgracia, a las 100.000, pues ayer se había llevado a 94.046 seres. ¿Quién detiene al covid?

“Puedo escribir los versos más tristes” porque Colombia está, tal vez, en el peor momento de todos los tiempos, en una crisis social sin precedentes. Así como suena, como decía un bandolero, con su bandola al tiplero. Quiere uno pensar en que esta pesadilla quede pronto para siempre en el rincón del pasado, pero hay realidades que nos aplastan el alma como con una almádena.

Hay que escucharse, sentarse a dialogar sin odio, sin intereses políticos. La intransigencia puede ser una infiltrada del covid en la mesa. Y cómplice de más desempleo y cierres de empresas.

Un poema doloroso es la crónica escrita por Carol Malaver en este diario, el pasado 9 de junio, ‘Los jóvenes se están muriendo, muchos en menos de 12 horas’. Inclusive los que no tenían ninguna comorbilidad. Lo dice el médico especialista John Édison Parra, coordinador de las unidades de cuidados intensivos (UCI) de la subred sur en Bogotá.

Hay allí datos que deben ser ulular de ambulancia para todos. Dice que hoy hay mayor concentración del covid entre personas de 20 a 49 años. Y es que el tercer pico de la pandemia es más peligroso que un encapuchado con machete en las protestas.

Las UCI están al 100 %. Unos salen a casa; otros, a casa de Dios, y entran otros a la ruleta de la muerte. Las salas de urgencia, en Bogotá y en todo el país, están atiborradas por covid y por otras causas, porque, además, afuera hay pequeñas guerras entre el mismo pueblo, que ya dejan más de 2.000 heridos y más de 45 muertos.

Dice la nota de Carol que los médicos están desgastados y afectados psicológicamente. Claro, son valientes y ven la muerte de frente, pero son humanos y sensibles. “Hay días cuando a una sola UCI llegan miembros de una misma familia. Un día vimos morir a un matrimonio. Uno tenía 36 y el otro 38. Un niño quedó solo…”. Uf. Releer esto humedece la vista. Estamos en una situación de extremada gravedad cuando hay médicos que no pueden más, impotentes porque las UCI no alcanzan, porque los insumos son insuficientes por la gran demanda y porque los bloqueos frenan la entrada, pues aquí somos los mejores para agravar las cosas.

Y mientras tanto, afuera los jóvenes se están manifestando, con menos miedo al covid que al futuro incierto. Pero se están enfermando. Y hay otros que les hacen daño a los de buenas causas, porque agreden, vandalizan, incendian, destruyen lo que es de todos, de los viejos y de los jóvenes. Y ya hay cansancio en todo lado. ¿Quién está detrás de los violentos? Clave saberlo.

Urge hacer un alto. Esto no es “pensando en el 2022”, sino en la vida hoy. Aquí, a la única que hay que ganarle la partida hoy es a la muerte, en la calle y en las UCI. Hay que escucharse, sentarse a dialogar sin odio, sin intereses políticos. La intransigencia puede ser una infiltrada del covid en la mesa. Y cómplice de más desempleo y cierres de empresas. Alto el juego. Que las partes no olviden que los votantes, los mismos jóvenes, también piensan en el 2022. Y nos queda, como dijo un niño en la esquina: el “auto-cuidado”, mono.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com.co

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