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Hay que respetar la fila

Hay que respetar la fila

La manía de pasar por encima de los demás, de saltarse la fila, es una penosa enfermedad. 

09 de abril 2021 , 09:25 p. m.

Hay momentos que lo marcan a uno para toda la vida. Ella, que era hermosa y de una sonrisa de nieve, me dijo que me bajara los pantalones, lo cual hice, nervioso y con el corazón a mil. Que si boca abajo o de pie, me preguntó, y resolvimos que era mejor de pie. ¡Relax, relax!, decía ella con una voz dulce.

Yo no aguanté y abrí los ojos, precisamente cuando ella apuntaba, y salí corriendo con mis pantalones a media asta. Nunca olvido a aquella enfermera, que debía aplicarme una inyección. Y es que venía con pánico desde niño, pues, por allá a los 8 años, había sufrido las antirrábicas alrededor del ombligo, porque una gatica parda que andaba por los tejados me había mordido.

Hoy, con todo y el miedo a la aguja, espero ansioso, como la inmensa mayoría de colombianos, mi vacuna contra el covid-19. Y sin pensar, como algunos antivacunas, que nos meten un chip para vigilarnos o para volvernos estériles o seguidores de Uribe, o que terminamos apoyando la reforma financiera. Paja, dijo el buey. El virus no piensa en credos ni mitos. Mata, y punto. La vacuna salva.

Contra el covid hay dos cosas, ambas escasas: vacuna y disciplina social. El Gobierno debe acosar a las farmacéuticas.

Alguien me preguntó que si yo rechazaría la vacuna. No está ni tibio, como le dijo un difunto a otro. Urgen millones de vacunas, porque el virus y la señora muerte, pico y flaca, que aprovechan fiestas, reuniones y aglomeraciones, siguen su letal tarea y todos seguimos expuestos. Hasta este jueves, el covid se había llevado en Colombia a más de 65.000 personas.

Cada día nos sorprende la partida de seres queridos y valiosos. Sigo triste por la muerte del padre franciscano Gabriel Gutiérrez, ‘Fray Ñero’, que esta peste se lo robó a los habitantes de la calle, para quien fue una mano de bondad, un pan, un café, un amigo... Que su Fundación Caballeros de la Misericordia y muchos más sigan su obra en el nombre del padre. Unos nueve mil seres en la miseria nos necesitan, pues otra pandemia aquí es la falta de humanidad y el desprecio.

Estamos en un momento dramático. Las cifras suben en forma impresionante. Antier llegamos a los 247 fallecidos diarios confirmados y 12.464 contagios. Y no hay cama pa’ tanta gente, pues, a nivel nacional, más de dos de cada tres camas están llenas. En Antioquia, la ocupación es del 95 por ciento. Y en varios departamentos, de más del 65 por ciento.

La vacunación camina lento, porque los laboratorios no despachan, pues los poderosos acapararon. Aquí, por ahora, solo se han aplicado casi 2’700.000 vacunas, o sea que la inmunidad de rebaño está lejos. Y, por desgracia, como somos tan ‘coronavivos’, según la Unidad Investigativa de este diario, basada en un informe de la Contraloría, ha habido 1.241 colados. Más de 600 de entre 26 y 44 años, y 189 de entre 18 y 25, a los que no les tocaba, ya recibieron su dosis. Hasta resultaron vacunados unos muertos. ¿Qué tal que esas dosis hubieran salvado la vida de mayores de 70 años, a los que a lo mejor ‘no les tocaba’? La manía de pasar por encima de los demás, de saltarse la fila, es una penosa enfermedad. ¿No dicen que ya hasta Tomás Uribe se quiere saltar la fila presidencial?

Contra el covid hay dos cosas, ambas escasas: vacuna y disciplina social. Pero hay que hacer todos los esfuerzos posibles. El Gobierno debe acosar a las farmacéuticas –pago y obligo– y ser riguroso en las medidas y prioridades. ¿Qué ha pasado con los ventiladores mecánicos nacionales? Que no nos coja otra vez la pandemia como me cogió la enfermera, es decir, con los pantalones abajo. Hoy, cuando de nuevo estamos confinados en varias ciudades, tenemos que practicar y exigir disciplina, que es gratis, ponernos bien el tapabocas, no hacer fiestas y denunciar las clandestinas. Lo que necesitamos es respeto por el otro y solidaridad de rebaño.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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