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La reforma y los niños

La reforma y los niños

Qué van a saber los pequeños de la reforma tributaria, que al final los terminará afectando.

16 de abril 2021 , 09:25 p. m.

Este jueves veía por la ventana a tres niños en un parquecito saltar felices, con tapabocas puesto. Jugaban en una mariposa y un caballito, que debe de llamarse Resorte. Es un parquecito a donde vienen cantantes de todo género –vallenatos, llaneros, norteños y sureños, carrangueros, hasta tenores– en busca de ganarse el pan de cada día. Y a veces les suena la flauta.

Qué edad la de aquellos niños, entre 3 y 5 años. Y qué inocencia. Tal vez, por fortuna, no sepan muy bien lo que pasa en el mundo ni en este país, donde el covid-19, que se llevó a muchos abuelos primero, también está dejando parques sin niños. En Brasil, del Cristo Redentor, donde Bolsonaro reaccionó tarde y con menosprecio por el virus, según cifras oficiales han muerto por covid 800 niños, entre las más de 360.000 personas que han fallecido. Por suerte, Lula da Silva está de regreso.

No sabrían los niños que aquí, en Medellín, había muerto un infante de 6 años, que tenía comorbilidades, entre las 102 personas que se llevó el virus ese día en Antioquia. Una oración por quienes afrontan el tremendo mal. No sabrían los niños que el virus ya se había llevado, hasta este jueves, a 67.199 seres, 380 ese solo día. Qué tragedia, en parte porque así es el covid, en parte porque no aprendemos.

El Gobierno propone y el Congreso dispone. La responsabilidad del Congreso es grande. Tiene que pensar en la equidad y en que sus decisiones van a afectar el futuro inmediato de todos los colombinos.

Y qué iban a saber los pequeños de la reforma tributaria, que al final los afectará, porque hay un hueco fiscal, dicen, como el hueco para pasar a Estados Unidos, que ahora es muro. Unos malditos traficantes de niños lanzaron la semana pasada a dos, de entre 3 y 6 años, al otro lado del muro Trump, como quien tira un gato. Ni eso, porque mientras más conozco al hombre más quiero a mi gata. Pero confiemos en Biden, que es más humano.

El Gobierno presentó la reforma mientras jugaban los niños. Busca recaudar 23,4 billones de pesos, ‘un huevo de plata’, como dicen los jóvenes financieros. Al verla, alguien dijo: ‘Eligieron a Petro’, porque según algunos castigará especialmente a la clase media. La media alta, media baja, media tobillera, o sin medias, que viven medio medio. Pero bueno, es apenas una propuesta para estudio legislativo. Y yo de números solo sé que la mitad de uno es el ombligo. Y es un chiste malo, como el de Uribe de que Claudia López le entregue la alcaldía a Duque, ja, ja, ja.

Atortola, Tola, dizque dijo Maruja (gran admiración a Tola y Maruja), que graven las pensiones, porque los pensionados, en la crisis, sostienen a hijos y nietos y porque ellos ya pagan el 12 por ciento en salud. Este se va a caer, como le decían a un borracho, pues poner impuestos a las pensiones es inconstitucional. Y gravarán a quienes ganan hasta 2,9 millones al mes, y en el 2024, 2,5 millones. Es clase media, señores. Atortola que les pongan IVA a los servicios públicos en los estratos 4, 5 y 6. Los del 4, en especial, son clase media que de una libra de carne pasarán a media. Y cuando se están cerrando pequeñas empresas.

El Gobierno necesita plata, claro, los subsidios son urgentes en estos momentos, pero hay otras tareas. Austeridad, por ejemplo. El solo aumentico de 5,12 por ciento para congresistas le cuesta al país, en 2021, 115.624 millones. Y sospecho que en la representación en el exterior se puede ahorrar platica. Y apretar a los evasores, y a los corruptos encarcelarlos y “exprópiense”, como dice Maduro.

El Gobierno propone y el Congreso dispone. La responsabilidad del Congreso es grande. Tiene que pensar en la equidad y en que sus decisiones van a afectar el futuro inmediato de todos los colombinos. Porque no está el palo pa’ cucharas. Solo necesitan mirar los avisos de ‘se vende’ y ‘se arrienda’ para saber las condiciones de la gente, que ha dejado hasta de hacer el amor por la caída del PIB PIB, por estrés, angustia e incertidumbre.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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