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A precio de huevo

A precio de huevo

Hoy, antes que la reforma, lo primero es que el Gobierno merque vacunas o 'estamos fritos'.

23 de abril 2021 , 09:25 p. m.

Tristemente la muerte sigue repartiendo picos, pero la indisciplina sigue. A muchas personas se las ve sin tapabocas, o mal puesto; se reúnen, hacen tumulto y el toque de queda no les suena. Las UCI llenas y en la calle la gente tomando cerveza, dijo, más o menos, un médico.

Ayer, cuando se conmemoraba el Día del Idioma, recordaba a don Miguel de Cervantes, todo un bacán, very cool, cuando decía: “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”. Pero el tiempo pasa, el virus sigue infectando y matando como nunca antes.

Las cifras asustan al mismo Hércules, a quien el miedo le importaba un Herculito. Ya pasamos de los 70.000 muertos en el año eterno desde cuando llegó el virus el 6 de marzo de 2020. El jueves el virus se llevó a los salones de la eternidad a 430 personas. Y las UCI se están poniendo más escasas que la misma vacuna. Dios nos ampare y recupere a los que hoy sufren el mal.

Un ministro, el Presidente, parlamentarios, muchos dirigentes no saben cuánto vale una docena de huevos. Ellos no mercan, y si lo hacen, no regatean. Al llegar a la caja, pasan la tarjeta y listo.

Y la única salida, aparte de la disciplina general, es la vacuna, pero estamos inoculando apenas a los mayores de 65 años, y aplazando la segunda dosis. Por eso, hay que buscar acelerar, hay que pedirle a Joe Biden a ver si dona, o nos presta unos millones de dosis; al mismo Xi Jinping, ala, mi chino, que nos dé una mano. Incluso al presidente ruso, que nos ayude con la Sputnik V, pues aquí la vida es una ruleta rusa. Y que los privados, generosos, busquen las dosis por el mundo, que no es tarea fácil. Tiene que ser un esfuerzo de todos, sin política. Y el Gobierno debe imponer autoridad. Se entienden las quejas del comercio, pero se necesita cumplir las normas.

Claro, no podemos entregarnos ni entrar en desespero, sino en acción y, a pesar de todo, no perder la fe. La salud toda debe ser una preocupación. De pronto toque volver a los hospitales transitorios, como el de Corferias, en varias ciudades. Y se tiene que atender la salud mental, pues la incertidumbre, el encierro, el desempleo, la pobreza y el miedo son una mezcla difícil de resistir. Y encima, una reforma tributaria que asusta, en especial a la clase media, que ojalá no la toquen.

A propósito de ello, me pareció que el desliz del ministro Alberto Carrasquilla, de la docena de huevos a 1.800 pesos, ha sido un aporte a la distensión. Porque en angustias como esta se necesitan motivos de humor. Creo que lo grave fue haber hecho pensar que los tres huevitos de Uribe solo valen 450 pesos. Y él que creería que los tenía triple A.

Pero un ministro, el Presidente, parlamentarios, muchos dirigentes no saben cuánto vale una docena de huevos. Claro, es el ministro de Hacienda, quien presenta una reforma que nos puede dar por los huevos, pero ellos no mercan, y si lo hacen, no regatean; los precios les importa un rábano. Al llegar a la caja, pasan la tarjeta y listo, alcanza, gracias a Dios.

Pero en los estratos medio, o bajo, o más abajo, la cosa es a otro precio. La gente merca hablando sola: si llevo esto, no alcanza para aquello. La libra de arroz, 2.590; la de fríjol bola roja, en honor a unos dirigentes, 5.300; un kilo de costilla, a 9.600 –ojalá que no tenga mucho hueso, como la reforma–; una libra de chocolate, 6.100 pesos; una botella de alcohol antiséptico, 4.800; 12 huevos, 4.200... van 32.590, más del aumento del mínimo. Mercado pequeño. Y no se pudo comer pescado, porque abajo uno debe ser bocachico.

Que arriba no sepan los precios es así en la historia. Por eso se necesita que los dirigentes se unten de pueblo. Que sepan más de las angustias diarias de la gente. Se van a descrestar, como dijo un gallo de lo recursiva que es la gente, a la que al menos debe alcanzarle para el arroz con huevo. Pero hoy lo primero, antes que la reforma, es que el Gobierno merque vacunas. O, como dijeron dos huevitos: “estamos fritos”.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com.co

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