Lo primero es la vacuna

Lo primero es la vacuna

La esperanza es la vacuna, aunque vamos colgados. Todos tenemos que aplicárnosla.

22 de enero 2021 , 09:25 p. m.

El pasado 20 de enero, el mundo respiró un poco más tranquilo, pues se fue Donald Trump a los campos de golf, a practicar el golpe, ya que no pudo ejecutar el autogolpe. Ya lo veremos haciendo putt, o sea, ‘putteando’ solo, con su soledad.

Sospecho que en política, como se dice en golf, él ya es una ‘bola perdida’ y tal vez no vuelva a la presidencia ni con un “articulito” ni por interpuesta persona, o sea, ‘el que diga Trump’, pues el pueblo se dará cuenta del daño que hizo, de cómo dividió al país, que mintió de lo lindo, que irrespetó las instituciones y menospreció los efectos del covid-19, tanto que el día en que se iba, Estados Unidos había puesto 400.000 vidas, pues la muerte es la que está haciendo hoyo en uno.

Llegaron Joe Biden y Kamala Harris, una mujer extraordinaria, afroestadounidense, que no solo tiene tumbao y todos la miran por su caminao, sino que es muy preparada, inteligente y seria. Hay otro tono en la Casa Blanca. En su discurso, de 21 minutos, Biden habló de tres amigas suyas que lo acompañarán: Decencia, Esperanza y Democracia. Y entró llamando a la unidad nacional, a parar la guerra “incivil”, a dejar atrás la polarización.

Biden llegó a trabajar. A lo urgente. El primer día cogió el covid por los cuernos y tomó medidas para combatirlo. Firmó varios decretos para acelerar la vacunación.

Y llegó a trabajar. A lo urgente. El primer día cogió el covid por los cuernos y tomó medidas para combatirlo: “Nuestra estrategia nacional es integral, se basa en la ciencia, no en la política. Se basa en la verdad, no en la negación, y es detallada”, dijo. Y firmó varios decretos para acelerar la vacunación, así como para aumentar pruebas y equipos de protección. Además, reiteró que se respaldará en los científicos. De una impuso el tapabocas. Uno, muy grande, debe ser para Trump. Habrá pruebas, test y cuarentenas para viajeros, y es obligación mantener la distancia social en edificios públicos. Hay presidente en la Oficina Oval.

Qué bien, pues allá, aquí, en el mundo, lo primero es luchar eficazmente contra el mal del siglo. Y la vacuna es urgente. Aquí estamos mal. Este jueves, dolorosamente, pasamos de los 50.000 fallecidos por el maldito virus. Reitero mi solidaridad con quienes tienen ausencias en casa por esta causa y mi deseo de pronta recuperación a quienes luchan contra el covid.

La esperanza es la vacuna, aunque vamos colgados. Nos ganaron México, Costa Rica, Panamá, Chile, Ecuador, que hoy, con primeras dosis, canta cucurrucucuy. Aquí se pensó que la tendríamos en enero, pero, como dijo una amiga, tenemos “un retraso”. Ahora la esperamos para febrero. Dios quiera, pues el contagio avanza, y las medidas tomadas, que tienen grandes costos, incluidos más pobreza y desempleo, son necesarias. Pero casi todo depende de nosotros.

Pero, como no hay acuerdo ni ante la muerte, según una encuesta del Dane, el 44 por ciento de los colombianos, por diversos motivos, no se la quieren aplicar. Y el Gobierno dijo que no la hará obligatoria, sino que acudirá a la persuasión, al ‘te va a doler, pero te va a gustar’.

Dura tarea. Se necesita una campaña seria, en la que intervengan artistas, líderes, deportistas, académicos, la Iglesia. Y que haya mensajes de unidad nacional. Por ejemplo, Claudia López, Petro y Fajardo de la mano, diciendo que están vacunados, Santos y Uribe en el mismo caballo ‘Expresidente’, con el hombro destapado, líderes indígenas, diciendo: ‘soy ticuna y tengo la vacuna’; ‘soy pijao y esto vacunao’... ¿Lo harán?

Que se hagan bien, y convencer a la inmensa mayoría de que la vacuna no tiene efectos secundarios, como votar mal, es lo fundamental. Aunque sería bueno que la vacuna viniera con un componente contra el odio, contra la violencia, contra la corrupción. Pero se necesita que llegue. Como en Fuenteovejuna, todos a una, por la vacuna.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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