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Las otras pandemias

Las otras pandemias

La muerte por el virus de la violencia no para, y esa vacuna parece más demorada.

Esta nueva ola de la pandemia nos obliga a extremar las medidas, a cruzar los dedos para que bajen los contagios y los muertos y lleguen pronto las vacunas. Y a elevar oraciones por los que se ha llevado el maldito virus.

Duelen las muertes del exministro Carlos Holmes Trujillo y del líder sindical Julio Roberto Gómez. Lamento profundamente, así mismo, la partida definitiva de la abogada Marcela Monroy, una profesional brillante y exitosa, pero además extraordinaria persona, de una calidez y una condición humana excepcionales, que la hacen un ser inolvidable.

En este país nuestro, golpeado por todo lado, en miles de hogares hay duelo, pues mueren muchos otros seres valiosos y sencillos. Ayer ya la muerte había puesto en su tablero negro la cifra de 52.913 colombianos, después de que en diciembre nos invitó a mover el esqueleto. La esperanza es que llegue pronto la vacuna, a ver si no nos sigue dando su pico mortal.

Presidente: las vacunas son urgentes para un mal que mata, en especial a los mayores, pero las economías ilegales están matando a los jóvenes y líderes. Convoque a la unidad contra esta pandemia.

La vacuna se sigue haciendo esperar. A mí me parece haber escuchado que en el pasado cambio de año no cantábamos “faltan cinco pa’ las doce”, sino ‘faltan cinco pa’ las dosis’. La remesa se volvió remisa. Pensamos que llegaría en enero, luego se dijo que en la segunda quincena de febrero. Aquí, como pasa siempre, el pez grande se comió al chico, o a la chica, si es pescada. Hubo acaparamiento por los países más poderosos, y las farmacéuticas están cortas de producción.

En todo caso, nos ganó también Bolivia, y con esto tienen Evo para rato. Colombia tiene que unirse, mover la aguja, levantar la mano y la voz, y hacer mucha pedagogía, pues, aparte de miedo e incertidumbre, ya hay desespero. Y hambre. Ha vuelto el trapo rojo, que, inclusive, a algunos se los han robado, como casi le pasa al partido liberal.

Los contagios y muertos parecen frenar un poco, pero somos los ciudadanos, montados en nuestra camionetica familiar, la ‘autodisciplina’, quienes podemos frenar el virus. Y entender que la vacuna para lograr la inmunidad de rebaño demorará más de un año. Hay que seguir cuidándonos en todo momento y lugar.

Además porque Colombia tiene otros peligros y el Gobierno, otros retos. Nuestro país debería ser declarado en permanente duelo nacional. Hubo seis masacres en enero. En la última, cerca de Buga, mataron a seis muchachos de entre 17 y 18 años. Y este mes han asesinado a 14 líderes sociales. La muerte por el virus de la violencia no para, y esa vacuna parece más demorada.

Por eso es histórico el documento, de 322 páginas, de la criticada JEP sobre el capítulo del secuestro en las Farc, que marca el inicio de un juicio contra los exjefes de esa organización guerrillera. Este es el desarrollo natural del proceso de paz. Es el camino hacia la verdad y la reparación y tiene que ser el punto definitivo de partida contra el olvido y la impunidad total.

El secuestro fue un horror –se habla de 21.396–, una despiadada máquina de guerra mediante la cual la guerrilla se ganaba el pan con el sudor de sus frentes. Humillaron, vejaron y mataron. A esas crueldades les puso punto la firma de la paz. Santos aplicó la vacuna ‘Pazer’. Ahora que canten aunque no canten, porque hay hasta 20 años de prisión si no dicen la verdad. En medio de esta tragedia que vivimos reconforta que se trabaje por sanar un poco el alma de tantas víctimas. Y que sea también para las de los ‘falsos positivos’ y el paramilitarismo.

Las Farc, en su gran mayoría, están en la vida civil y el proceso sigue. Pero hay que parar ese otro horror que se está viviendo en varias zonas del país, donde la seguridad está hecha trizas. Presidente Duque: las vacunas son urgentes para un mal que mata, en especial a los mayores, pero las economías ilegales están matando a los jóvenes y a los líderes. Convoque a la unidad contra esta pandemia.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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