Cuidado con el pico

Cuidado con el pico

El coronavivos está ahí, esperando el menor descuido para darnos el segundo pico. Hay que cuidarnos.

08 de enero 2021 , 09:25 p. m.

En nuestra querida Bogotá, los Reyes Magos deben quedar desconcertados y pensar que nos fuimos, pues la ciudad está un poco desolada y atemorizada. Como el mundo mismo. Como Londres, París, o Madrid, que son las ciudades que yo visito... por internet.

Así que aquí no está en peligro el oro que traen como presente, ya que en las calles semivacías no se ven ni mirra, ni ladrones. Seguramente no los guíe la estrella de Belén, sino la luz de alerta roja que tuvo que declarar la alcaldesa Claudia López, además de cuarentena general en este puente, toque de queda nocturno y cuarentena por localidades.

Hasta los enemigos de la alcaldesa, inclusive Trump, Bolsonaro, Uribe y Petro, deben de estar de acuerdo con las medidas, pues están encaminadas a detener la propagación del virus, a evitar que se llenen las UCI, hoy ocupadas en un 86 por ciento, y a bajar la letalidad. Se trata de buscar garantizar la salud de los bogotanos. Además, las está tomando de la mano de la ciencia médica y del Gobierno Nacional.

El tumulto fue un regalo de Navidad para el coronavirus. En San Victorino parecía que estuvieran regalando vacunas; a los hinchas del América de Cali les pudo la pasión. 

Claudia López lo ha hecho bien. Pero si controlar a un grupo familiar es difícil, cómo será hacerlo con unos 8 millones de personas, miles con hambre y sin empleo, que salen al rebusque; miles con la enfermedad del ‘miuncu’, o sea, me importa un cu...ronavirus, que, como en todo, buscan hacerles trampa a las normas. Y no hay policía suficiente para controlar a los que ante las multas dicen: “Miuncu”.

El tumulto fue un regalo de Navidad para el coronavirus. En San Victorino parecía que estuvieran regalando vacunas; a los hinchas del América de Cali les pudo la pasión. Festejaban en masa, muchos sin tapabocas, y a lo mejor, o a lo peor, el virus también gritaba ‘campeóoon, covid campeón’.

Es posible que el maldito bicho haya cogido en este diciembre a muchos con los cucos amarillos y los tapabocas abajo. Solo queda pedir que Dios alivie pronto a quienes están con la infección. Ahora tenemos que acatar las medidas, pensando en nuestras familias, en nuestros amigos, en nuestros vecinos. Uno para todos.

Estamos en un momento muy difícil. Y no es Bogotá, son Cali, Bucaramanga, es el país. Tenemos que ser conscientes de que esta segunda ola nos puede llevar al confinamiento total; que si no nos cuidamos, volverán los cantantes y los trapos rojos y las empresas cerradas y más dolor... El encierro parece una vida, decía un condenado a cadena perpetua, pero las medidas son claves. Un reciente estudio del Banco de la República, más serio que García Márquez en los billetes de 50.000, indica que las restricciones han evitado 15.000 fallecimientos. ¿Entonces?

Yo seguiré en cuarentena con mi cuarentona y tomando prevenciones extremas. Nada de acercamientos, ni cara con cara. En la calle y en la casa, “contigo a la distancia”, y hay que pasar espalda con espalda, como si se encontraran Santos y Uribe. Todos podemos hacerlo, espalda con espalda, hasta al dormir con la esposa, más si ronca incluso dormida. En el ascensor, preferible solo, o mirando al otro a la nuca.

Nunca quitarse el chaleco antibabas. Y hay que desinfectar todo, hasta el baño cuando se va a sentar en el trono, como se imagina uno que hará Biden en la taza blanca, donde se ha sentado Donald Trump. Porque, además, hay que exorcizar la Oficina Oval para sacar los espíritus malos de la mentira enfermiza, del racismo, de la misoginia, de la prepotencia y el ‘miuncu’ a las instituciones. Como en la Casa Blanca, urge aplicar todos los protocolos, lavarse las manos bien, y la loza con agua caliente.

Si toca, hacer el amor con tapabocas, o abstinencia hasta que estemos vacunados. El ‘coronavivos’ está ahí, esperando el menor descuido para darnos el segundo pico. La consigna es cuidarnos, pues es mejor más confinados que con más finados. Dios nos libre.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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