Que Dios nos vacune

Que Dios nos vacune

Si no baja Jesucristo a salvarnos, tienen ustedes, políticos, que pensar en el futuro.

05 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

Ya está cerca. Viene a salvarnos. Se supone que es la vacuna. No, me refiero al pastor que en Sabanalarga, Atlántico, dejó con caras largas a sus seguidores, esperando la supuesta segunda venida de Jesucristo. No llegaron ni el pastor ni Jesucristo, pues solo Él sabe cuándo volverá. No llegó Jesús, pero los incautos fieles que habían ayunado y algunos vendido sus pertenencias le ‘echaron la bendición’ al dinero, que le entregaron al pastorcito mentiroso. El tipo se alzó con el santo y la limosna, y Dios sabe dónde estará. Es de esperar un milagro para que regrese a responder. ¿O hará como Judas?

Cada quien es dueño de su fe y de sus bienes, pero ¿qué lleva a las personas a entregarle a un particular lo que han conseguido gracias a Dios y con el sudor de su frente? La bondad, las obras de misericordia deben hacerse por voluntad. La Iglesia católica, por ejemplo, no obliga a dar ofrendas. Y Dios no pide que vendamos la casa o la finca, menos el alma.

De otro lado, sí, ya viene la vacuna, que esperamos llegue primero que la segunda venida de Jesucristo en persona. Aunque este biológico demuestra lo que es el mundo, el ser humano, el uso y abuso del poder. La vacuna ha llevado a unos al pecado de la avaricia. Hoy hay grandes pastores acaparadores: los países más poderosos, a pesar de que los pobres han vendido hasta la casa para conseguir las cuotas para sus países. Solo un milagro salva a los pobres de no ser discriminados.

¿Qué lleva a las personas a entregarle a un particular lo que han conseguido gracias a Dios y con el sudor de su frente? La bondad, las obras de misericordia deben hacerse por voluntad.

Con todo, aquí la primera entrega está anunciada para el 20 de febrero, y al terminar el mes, según el Plan Nacional de Vacunación, tendremos 1’113.240 dosis. Aleluya, señor ministro, no se haga mi voluntad sino la tuya. Y permita el Señor del cielo que para junio se cumpla el cronograma de las 21’339.520, del total de 61’500.000 que se espera para este año.

Y ya la tendremos, al menudeo, como toca, de varias casas. Moderna, Pfizer, Sinovac, CoronaVac, o la Sputnik rusa. Y en este país de vivos, hasta la piratos Vac, pues ya hay algunos anunciando por redes que la venderán u ofrecen el lugar de la fila para la vacuna. A lo mejor encuentran incautos, pues si hay quienes venden cupos para al cielo...

Estamos en uno de los momentos más delicados de nuestra historia. Lo tiene que entender nuestra dirigencia toda y unirse para que lo de la vacuna sea una estrategia nacional, y que todo salga lo mejor posible. Que se respete el orden para el ‘inoculeo’. No sea que de verdad se aplique aquello de la Biblia: que los últimos son los primeros.

Y pensar todos en lo que sigue. Porque, por lo visto en la buena columna ‘Nacionalismo de vacuna’, de Eduardo Posada Carbó, en este diario ayer, el panorama es largo y complejo, B, como dicen en Cali. Comenta él que, según The Economist, países de ingresos medios pueden terminar de inocular a sus pueblos en 2022; otros, como Venezuela y algunos africanos, en 2023. Y nadie lo hará completo. Esto quiere decir que el virus sigue circulando en el mundo, pues él no necesita visa. En nuestro caso, tenemos frontera de por medio, con el país de las goticas milagrosas.

Entonces, si no baja Jesucristo a salvarnos, tienen ustedes, políticos, que pensar en el futuro. En adoptar medidas y estrategias en todo sentido. Seguramente tendremos tapabocas por varios años y seguiremos sonriendo con los ojos. Habrá que pensar en otro modo de vida. Turismo, colegios, transporte, sedes de trabajo, restaurantes, deben ser pensando en el distanciamiento por mucho tiempo. Un sistema de salud diferente. Todo. Vendrán distintas campañas políticas. Sugiero descongestionar las ciudades, con un campo seguro, sin masacres, productivo, exportador. Para ello se necesita la vacuna ‘voluntavic política’. Es la hora de todos. O nos lleva el que traicionó a Jesús.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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