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Columna con ojos húmedos

Columna con ojos húmedos

A las Farc les falta un acto público sincero en que les pidan perdón a sus víctimas y al país.

25 de junio 2021 , 09:25 p. m.

Los ríos de Colombia han crecido con torrentes de lágrimas y sangre. Y estos días han sido más abundantes. El miércoles lloramos. La Comisión de la Verdad, que dirige el padre Francisco de Roux, organizó un encuentro entre víctimas del secuestro y los secuestradores, varios dirigentes de las Farc, en el Teatro Libre, como nombre significativo. Fue un acto conmovedor, de sentimientos revueltos en las entrañas.

Debe de ser muy difícil, de respiración contenida y boca seca, mirarse cara a cara con quienes propiciaron semejantes vejámenes y humillaciones, con quienes los convirtieron en mercancía u objeto político, y les robaron un pedazo de vida, los derechos a la libertad, a la felicidad, a la familia, al amor, a abrazar, a despedir a sus muertos adorados que no pudieron esperarlos más. Debe de ser estremecedor tener de frente a quienes por cuya culpa no volvieron a ver nunca sus seres amados: padres, hijos o hermanos. Por eso merecen admiración absoluta y respeto los siete que con coraje estuvieron allí. Entre ojos húmedos los aplaudí.

Los testimonios estremecen. Don Roberto Lacouture contó que, aparte de él, secuestraron a 15 de los suyos. Uno de ellos murió. Helmuth Angulo dijo que supo que su padre llegaba de largas caminatas a quitarse la camiseta para secarle la sangre de los pies a su madre. Ellos no regresaron. Él no pide venganza, pide justicia. Otros perdonan, pero no olvidan.

Aquí se necesitan voluntad y grandeza, como la que tienen las víctimas. Y no olvidar que el infame secuestro sigue.

El secuestro es uno de los delitos más miserables. Y las Farc, en su trasegar errado y brutal, se llevaron a muchas personas. Miles. Recuerdo, entre las atrocidades, el clamor del niño Andrés Felipe Pérez, hijo del cabo José Norberto Pérez: “Señores de las Farc, por favor, liberen a mi papá, que yo lo quiero aquí conmigo para que me dé muchos besos como lo hacía antes”. Y se quebraba en llanto. Nada los conmovió. El niño murió de cáncer, esperanzado. Y recuerdo la tragedia de los diputados del Valle. Y las alambradas humillantes.

Pero fue un encuentro muy importante, que dejó mensajes. Uno, que el proceso de paz, así tenga fallas, es el camino y no se debe desandar. Entre otros logros, paró los secuestros y miles de muertes, porque fundió las armas.

Las Farc sí han pedido perdón, pero falta un acto público grande y sincero, no que lloren a moco tendido, pero sí que de verdad les pidan perdón a todas sus víctimas y a todo el país. Y que reparen con los bienes, como pidió Ingrid Betancourt y que fue lo que se firmó. Que se honren los compromisos. Y que haya justicia, claro. Y que el Gobierno tampoco llore, como los congresistas, a mico tendido, ni mire para atrás, sino que acelere la implementación de la paz. Porque hay programas, capacitación, pero también es cierto que han matado a 257 reinsertados. Eso también hay que llorarlo, y actuar.

Aquí se necesitan voluntad y grandeza, como la que tienen las víctimas. Y no olvidar que el infame secuestro sigue. Señores elenos, ¿este dolor en un solo escenario no los pone a pensar? Liberen a los secuestrados.

* * * *

El dolor sigue. Hoy lloro por quienes se ha llevado el covid, en especial por Wendy Rojas, quien fue compañera de labores en oficio sencillo, que ella hacía importante, como era calentarnos el alma con un tinto humeante y con una sonrisa amplia. La querida Wendy tenía alma de vendedora y de progreso. Era la mujer más positiva que haya visto. Aguerrida y con deseos de surgir para darles lo mejor a sus dos hijitos. Solo la vi llorar de alegría cuando le publicaron en ADN una fotografía, producto de un curso en que se apuntó y fue buena estudiante. El virus le malogró los sueños el jueves. La mejor foto con que nos quedamos todos es la de su sonrisa. Y el mejor ejemplo, su coraje. Gracias, Wendy.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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