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Candidato del Polvo

Candidato del Polvo

Yo también voy a dar el sí. Mi primer punto es la paz, que germina en el campo.

27 de agosto 2021 , 08:32 p. m.

El mundo se va a inundar en lágrimas. Qué tragedias las que vivimos. Aparte del covid, que ya lleva 4,48 millones y medio de muertos, la humanidad se sigue matando. Lo de Afganistán estremece. Ya vimos a las mujeres entregando a sus bebés a los soldados aliados, o lanzándoselos por encima de alambrados, tal vez para no verlos nunca más. Todo por el terror a los talibanes. Y luego, la bomba suicida del Estado Islámico este jueves en Kabul, que dejaba ya 161 muertos y centenares de heridos.

Las escenas conmueven. Joe Biden, dolido, dice que esto no se queda así: “Para aquellos que ejecutaron este ataque, así como para cualquiera que le desee daño a EE. UU., sepan esto: no perdonaremos. No olvidaremos. Los perseguiremos y los haremos pagar”. O sea, la guerra será larga; sangre, sudor y lágrimas, como dijo Churchill.

Después de ver ese horror, piensa uno en naciones que no conocen la paz hace muchos años. Y aprecia más el país que tenemos y el valor del acuerdo de paz logrado por Juan Manuel Santos y su equipo negociador, a pesar de que muchos del ‘Estado Trizámico’ quisieron ponerle petardos.

Por eso, por la paz, “por servirle a mi patria”, como dicen muchos que se lanzan a buscar la presidencia, creo que yo también voy a dar el sí, por mi movimiento, el Polvo Democrático. Con méritos sobrados se lanzó el rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, ahora una especie de Cristiano Ronaldo, al que varios partidos quieren fichar.

Sin una hoja de vida tan robusta como la de Gaviria, pues la mía es más bien hoja de parra, siento que tengo chance. Jorge Eliécer Gaitán decía: “No soy un hombre, soy un pueblo”. ¿Quedará mal decir, no soy un hombre, soy un Polvo?

A uno lo convencen, lo hacen candidato, se cree el cuento. Yo me siento candidato. Ya tengo algunas canas, o me pinto las que falten, y estoy aprendiendo a tocar guitarra y canto boleros, como Reloj, que debe de ser el que canta en estos días Duque: “Reloj, no marques la horas, que dejo ya el poder...”. Canto, como un mensaje de que soy la voz del pueblo. Me lanzo y lo hago por el centro. Yo conozco bien el centro. Allá trabajé varios años. Por la 19, en la Jiménez de Quesada, por la séptima, La Candelaria. Además, como muchos políticos y los aguacates, he madurado a punta de periódico. Y tengo programa, como dice una amiga.

Jorge Eliécer Gaitán decía: “No soy un hombre, soy un pueblo”. ¿Quedará mal decir, no soy un hombre, soy un Polvo?

Mi primer punto es la paz, que germina en el campo. Nuestras calles están llenas de campesinos que llegaron en busca de mejor futuro. Haremos capacitación técnica agropecuaria, en salud y empresarial para bachilleres a través de las escuelas rurales. ‘No se venga a la cuidad, nosotros vamos’, les diremos a mis campesinos. Y crearemos centros de acopio para evitar intermediarios.

Defenderé la paz, aunque me cueste la vida, fortaleciendo los compromisos del acuerdo, y protegiendo a los reinsertados y los líderes sociales. Por 70.000 millones de razones, la corrupción será declara enemigo público. En mi gobierno se cambiará la contratación con el Estado. Plata en mano y obra en tierra; 50 % al empezar y 50 % al entregar las obras es la mejor garantía.

Este será el gobierno de lo humano, de la bondad y unidad, con vicepresidenta mujer, muy preparada. La bella y yo. La gente regresará al campo y habrá más empleo en las ciudades, en especial para la mujer, que en el Polvo son mayoría. Y que les paguen lo justo.

Creo tener los votos. Inclusive los de los venezolanos, en inmensa mayoría gente buena y trabajadora, a quienes legalizaré temporalmente, luego de plena documentación; y al que delinca, nacional o extranjero, lo pondremos a construir cárceles en las que van a vivir. Además, conquistaré hasta el voto afgano. Traeré unos 5.000, en especial mujeres cabeza de hogar. Ellas traen otra cultura, otros conocimientos, y son un valioso recurso humano. El Polvo al poder.

LUIS NOÉ OCHOA
luioch@eltiempo.com

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